Pero ya se sabe que los patos no tienen palabra, y el viral palmípedo lo primero que hizo fue lanzarle un picotazo en vivo y a todo color a la propia Presidenta cuando se le acercó con su gracia quebradiza a tratar de acariciarlo en la cabeza (cualquier patólogo sabe que a estas aves hay que tratarlas con cautela, porque se sienten amenazadas con cualquier movimiento y tienen respuestas agresivas).
He ahí entonces que las benditas/malditas redes explotaron de inmediato con comentarios sarcásticos en contra de la actitud presidencial en este asunto, que terminó convertido en un Patogate. Y ahora no saben cómo hacerle para ocultar con un dedo el escándalo de la Presidenta y el Pato.
Lástima que tampoco le resultara esta jugada a los genios de imagen que traen a tan mal traer a su clienta, y todos esperamos que por fin se den cuenta de que la señora no es simpática natural, es anticlimática y resulta imposible que se convierta en mediática y sencilla.
Cerrar las mañaneras del pueblo sería lo mejor que podrían hacer, pero el problema es que Chucho Ramírez y sus cómplices perderían un contrato de unos 13 millones de pesos diarios, y ya se sabe que los morenos no dejan ir ningún peso que se puedan robar.
Mientras tanto, Merlín el Pato sigue disfrutando de su fama y sus dueños, unos modestos vendedores de aguas frescas en las calles de la Ciudad de México, han hecho su agosto en junio.
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