En cualquier sistema democrático resulta saludable que existan diferencias internas. La crítica fortalece cuando busca corregir el rumbo. Pero también existe una frontera muy clara entre el debate político y la permanente descalificación que termina debilitando al proyecto del que se forma parte.
Mientras la administración estatal concentra sus esfuerzos en atraer inversión, fortalecer la infraestructura, impulsar el turismo y gestionar recursos para Veracruz, las intervenciones públicas del senador parecen orientarse con mayor frecuencia a cuestionar las decisiones del gobierno estatal que a respaldar iniciativas que beneficien a la población.
Ese contraste comienza a generar incomodidad entre una parte importante de la militancia morenista. No son pocos quienes consideran que Manuel Huerta aparece más cómodo coincidiendo con los discursos de la oposición que construyendo acuerdos para fortalecer al movimiento que lo llevó al Senado de la República.
Las palabras del alcalde de Tantoyuca reflejan precisamente ese malestar acumulado. No parecen ser una inconformidad aislada, sino la expresión pública de una percepción que desde hace meses recorre distintos municipios veracruzanos: la de un senador distante de las causas locales y más concentrado en la confrontación política que en la obtención de resultados concretos.
En política, las percepciones también construyen realidades. Cuando alcaldes, militantes y operadores territoriales comienzan a preguntarse qué beneficios tangibles ha gestionado un representante popular para su estado, la respuesta deja de ser un asunto de comunicación y se convierte en un problema político.
A ello se suma otra percepción que diversos actores políticos han expresado públicamente: la aparente cercanía del senador con figuras ajenas a Morena e incluso con personajes que han sido objeto de fuertes cuestionamientos políticos. Independientemente de las razones que expliquen esos acercamientos, la imagen que proyectan resulta difícil de entender para una militancia que espera cohesión frente a los retos electorales de 2027.
Morena enfrenta una elección intermedia en la que no bastará el peso de sus liderazgos nacionales. Será indispensable la unidad de sus cuadros estatales, municipales y legislativos. En ese contexto, cualquier figura que privilegie las diferencias sobre la construcción de consensos inevitablemente terminará siendo objeto de cuestionamientos internos.
La declaración del alcalde de Tantoyuca podría marcar un punto de inflexión. Porque ya no se trata únicamente de lo que opina la oposición ni de lo que publican los analistas. Ahora son voces emanadas del propio movimiento las que preguntan cuál ha sido el verdadero aporte político del senador para Veracruz.
Las dirigencias partidistas suelen tolerar las diferencias mientras éstas fortalezcan el debate interno. Pero cuando una parte significativa de la militancia considera que un representante popular ha dejado de contribuir al proyecto colectivo, el costo político comienza a crecer. Corresponderá a Morena decidir si estas expresiones representan un hecho aislado o el síntoma de un malestar que exige atención antes de que la inconformidad termine por trasladarse a las urnas, aun cuando el senador se anda promoviendo para según el presidir la Mesa Directiva del Senado de la República.
Al tiempo.
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