Astrolabio Político.
Luis Ramírez Baqueiro.
 

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La UV: crecer con sentido social
2026-08-14

“El hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que sabe”. – Aristóteles.


La Universidad Veracruzana está por iniciar un nuevo ciclo escolar y, más allá de ceremonias, discursos y cifras administrativas, éste representa una oportunidad para evaluar con hechos la gestión del rector Martín Gerardo Aguilar Sánchez. La pregunta fundamental es sencilla: ¿la UV está creciendo y, sobre todo, ese crecimiento está respondiendo a las necesidades reales de sus estudiantes?


Los datos permiten advertir avances importantes.


Durante una entrevista telefónica concedida a este reportero en el noticiero En Contacto, el rector explicó que la institución concluye el proceso de inducción con casi 17 mil estudiantes inscritos, después de la primera lista y del corrimiento, mientras se prepara la etapa de lugares vacantes.


No es un asunto menor.


La demanda para ingresar a la máxima casa de estudios continúa siendo enorme. Para el proceso 2026-2027 participaron 44 mil 377 aspirantes, mientras la Universidad ofertó 20 mil 955 espacios, 522 más que el periodo anterior. Además, durante los últimos cuatro años la UV ha generado más de 3 mil 500 nuevos lugares y mantiene como objetivo superar los cinco mil.


Aquí aparece uno de los primeros méritos de Aguilar Sánchez: entender que defender a la universidad pública también significa abrir sus puertas.


Porque durante años resultó cómodo justificar el rechazo de miles de jóvenes bajo el argumento de que no existían recursos suficientes. La administración actual está intentando modificar gradualmente esa ecuación, aunque existe un límite evidente: ampliar matrícula sin incrementar proporcionalmente profesores, aulas, laboratorios, equipamiento y presupuesto puede terminar convirtiendo una buena política de inclusión en un problema de calidad educativa.


Por ello, crecer no basta. Hay que crecer bien.


Quizá uno de los programas que mejor define el sentido social que Aguilar Sánchez pretende imprimir a su rectorado sea el de los comedores universitarios.


La propia Universidad reconoce actualmente un costo de 30 pesos por menú para estudiantes. Lo importante, sin embargo, no está solamente en el precio, sino en comprender el problema que intenta resolver.


El rector lo expresó claramente: existen estudiantes que diariamente enfrentan una decisión brutalmente sencilla: comer o pagar el transporte para llegar a clases.


Ahí la política universitaria deja de ser burocracia para convertirse en política social.


Pasar de dos comedores a una red que, de acuerdo con lo informado por el rector, alcanza 13 espacios, y proyectar nuevas instalaciones en Poza Rica y Coatzacoalcos para 2027, significa atacar una de las causas silenciosas de la deserción escolar: la pobreza.


La propia UV ha documentado que estos espacios buscan proporcionar alimentación balanceada, digna y accesible. Incluso ya se prepara un nuevo comedor para la Unidad de Ingeniería, Ciencias Químicas y Arquitectura de Poza Rica.


Y éste posiblemente sea el desafío más importante del próximo periodo.


Aguilar Sánchez reconoce niveles de abandono escolar que oscilan entre 10 y 15 por ciento. Conseguir que un joven ingrese a la Universidad es importante; lograr que permanezca, estudie y concluya su carrera resulta todavía más trascendente.


Otro ejemplo significativo está en Poza Rica.


Después de las graves afectaciones ocasionadas por las inundaciones de octubre de 2025, la Universidad tuvo que reaccionar ante los daños en la Unidad de Ciencias de la Salud. Según explicó el rector, la UV ha destinado más de cinco millones de pesos para rehabilitación y existe coordinación con el Gobierno del Estado para conseguir, mediante el fideicomiso de Protección Civil, el equipamiento y adecuaciones requeridos, estimados en alrededor de 72 millones de pesos.


La expectativa es que los estudiantes regresen a sus instalaciones y que el próximo 17 de agosto entre en funcionamiento además el nuevo edificio de la Facultad de Enfermería.


Aquí hay otra característica que debe reconocerse: la capacidad de gestión.


Una universidad pública difícilmente puede enfrentar sola contingencias de esa magnitud. La autonomía universitaria no significa aislamiento institucional. Gestionar recursos federales y estatales sin comprometer la independencia académica constituye precisamente una de las responsabilidades de cualquier rector.


Pero quedan asignaturas pendientes.


La adecuación de instalaciones para estudiantes con discapacidad debe acelerarse. En pleno siglo XXI la accesibilidad no puede considerarse una concesión administrativa, sino un derecho.


También resulta especialmente interesante la intención anunciada por Aguilar Sánchez de llevar la Universidad Veracruzana hacia comunidades de las Altas Montañas mediante modelos híbridos.


Ese proyecto podría convertirse en una de las acciones más trascendentes de su administración.


La UV históricamente ha tenido presencia regional, pero todavía existen amplias zonas rurales, indígenas y serranas donde estudiar una licenciatura obliga a los jóvenes a emigrar, pagar renta, transporte y alimentación. Utilizar tecnología, educación híbrida y espacios regionales podría democratizar verdaderamente el acceso universitario.


El nuevo ciclo escolar será, entonces, mucho más que recibir otra generación.


Representará la oportunidad de medir si el proyecto encabezado por Martín Aguilar Sánchez consigue consolidar una Universidad más grande, pero también más humana; con mayor matrícula, pero sin sacrificar calidad; con infraestructura, pero también con alimentación, inclusión y permanencia escolar.


Porque el verdadero éxito de una universidad pública no consiste únicamente en presumir cuántos jóvenes ingresan.


Consiste en saber cuántos pueden quedarse, cuántos logran terminar y cuántos encuentran en ella una verdadera herramienta para transformar su vida.


Y hacia allá parece estar encaminándose la Universidad Veracruzana.


Al tiempo. 


[email protected]


“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx


 


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