La pausa en la ansiada renuncia del invergonzante Martín abrió, sin embargo, la posibilidad de que dos o tres integrantes del equipo espuriador vieran renacer sus
posibilidades de imponerse finalmente como la sucesora o el sucesor frente a quien ya estaba nominada desde el principio, cuyas iniciales son JJ, dicho en chino.
Y por eso hay golpes bajos como sólo en la grilla histórica de la UV se saben dar; por eso, tantos rumores y filtraciones (como la que le llegó al doctor Vela); por tanto la despiadada guerra caliente en las entrepiernas de la política académica.
Martín se va a ir y está aprovechando sus últimos días para que la comunidad universitaria lo abuchee y le silbe en cuanto evento público se presenta. Ta vez quiere atesorar en el cofre de sus recuerdos las rechiflas ganadas a pulso por su intromisión en la legalidad, por su supina incapacidad y por el desprestigio secular que en sólo cinco años le acarreó a nuestra máxima casa de estudios, otrora Lis de Veracruz (arte, ciencia, luz).
No se fue, pero se va a ir, solamente hay que esperar un poquito más.
¡Y ya!
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