Paaaaa. Héctor Yunes quiere comenzar otra vez. Y qué bonito. Nuevo discurso. Nuevos amigos. Nuevos adversarios. Nuevas causas. Y nuevo partido. El problema es que la biografía no se cambia como camisa. Porque Héctor podrá intentar venderse como novedad política, pero carga detrás 45 años de militancia priista, una candidatura fallida a gobernador, diputaciones, Senado, dirigencias y una larguísima trayectoria dentro del mismo sistema político del que ahora pretende tomar distancia. Dicho en castellano político: el fósil quiere venderse como descubrimiento. Paaaaa. Esta vez sus baterías apuntaron contra Adanely Rodríguez. Y la alcaldesa de Poza Rica decidió abrir el archivo. Mala idea, diputado. Porque cuando alguien tiene 45 años de kilometraje político, lo último que debería provocar es que le saquen la hemeroteca. Ahí aparecen el viejo PRI, Javier Duarte, la famosa caña de pescar, las candidaturas, las plurinominales, los cargos y también aquella elección de 2016 en la que Héctor Yunes quiso convertirse en gobernador de Veracruz. Ya fue medido. Y perdió. Pero parece que hay derrotas que algunos políticos procesan y otras que simplemente guardan en algún cajón de su realidad particular. Porque Héctor sigue hablando de Veracruz como si el estado estuviera esperando desde hace años su llegada. Como si existiera una deuda histórica con él. Como si solamente faltara encontrarle el partido correcto, la alianza correcta, la coyuntura correcta y la candidatura correcta para que finalmente los veracruzanos descubrieran aquello que no alcanzaron a descubrir cuando apareció su nombre en las urnas. Caray. ¿Cuántas oportunidades necesita una “nueva opción” para dejar de ser nueva? Porque aquí está lo verdaderamente divertido. Héctor Yunes tiene 67 años de edad y 45 de ellos los pasó militando en el PRI. Es decir, ha dedicado alrededor de dos terceras partes de su vida a la política priista. Y ahora pretende presentarse como renovación. Paaaaa. Eso no es reinventarse. Eso ya parece restauración de pieza histórica. Durante décadas Héctor fue parte de aquella maquinaria priista que repartía candidaturas, posiciones, cargos y espacios de representación proporcional. Y él no miraba aquello desde la banqueta. Vivía dentro de la casa. Tan dentro que en 2018 llegó nuevamente a la Cámara de Diputados por la vía plurinominal. Ahora resulta que quiere presentarse como alternativa al sistema. Bueno. Será una alternativa con 45 años de servicio en el sistema. Una auténtica rémora de aquella vieja era del PRI intentando nadar ahora en aguas nuevas. Y ahí radica el problema de Héctor Yunes. No son sus 67 años. Es querer vender como futuro una carrera política que comenzó cuando muchos de los actuales electores ni siquiera habían nacido. Es pretender que cuatro décadas dentro del mismo sistema desaparezcan con una conferencia de prensa, un nuevo discurso y unas siglas distintas. Es querer estrenar discurso sin estrenar biografía. Y, sobre todo, comportarse como si Veracruz no tuviera memoria. La tiene. Por eso causa hasta cierta ternura política verlo reinventarse. Héctor puede abandonar al PRI. Puede conseguir nuevos aliados. Puede buscar nuevas siglas. Puede estrenar discurso. Puede cambiar de camiseta. Puede anunciar una nueva causa. Puede volver a recorrer Veracruz. Y, desde luego, puede volver a soñar con ser gobernador. Soñar sigue siendo gratis.
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