“De acuerdo con las reglas de la selección nacional española, no podrá jugar en ella quien no haya completado al menos tres años de primaria”.
Segura de que era su congénere el que no cumplía el requisito, de inmediato, la gallegada en pleno empezó a gritar:
“Denle otra oportunidad. Denle otra oportunidad”.
Fue tal el clamor, que a los minutos se escuchó un nuevo anuncio por el sonido local:
“En el caso de que un jugador no haya completado los tres años de primaria, podrá participar si logra dar respuesta correcta a una pregunta de aritmética”.
Bueno, llamaron al jugador al centro de la cancha, y el árbitro le preguntó:
—¿Cuánto es 7 más 6?
El gallego se rascó la mollera y contestó:
—¿Doce?
De inmediato, el estadio se volcó en su solicitud primigenia:
“Denle otra oportunidad. Denle otra oportunidad”.
Ante el griterío, que corría el peligro de pasar a mayores, decidieron hacerle otra pregunta al jugador, que por cierto se llamaba Venancio. El árbitro tomó el micrófono y le inquirió:
—¿Cuánto es 8 por 3?”
El otro hizo una señal de alegría, y respondió:
—24.
De inmediato y en automático, todos los gallegos que llenaban el estadio se volcaron en su grito original:
“¡Denle otra oportunidad!”
El chistecito, con ser bueno, ilustra también sobre el hecho de que en ocasiones la multitud tiene una mala percepción sobre las respuestas que dan sus representantes, ya sea por desconocimiento o por incredulidad, o por las dos cosas.
Algo similar, guardadas las diferencias notables, sucede con aquellos que se asumen como de izquierda, y solamente ven cosas malas y oscuras intenciones en cualquier acción o medida que tome quien no comulgue con su orientación ideológica o política (que no es lo mismo).
De ahí a la anarquía hay un corto trecho, un solo paso, un menudo empujón, porque no es posible que quienes tienen una cierta concepción del mundo por el solo hecho de pertenecer a una corriente sean los únicos propietarios del bien, del bienestar, del bien hacer y hasta del bien ser.
Pensar que todo, todo, todo es malo en la derecha y todo bueno en la izquierda, es soslayar el principio fundamental de la convivencia, que es reconocer que alguien puede pensar diferente, y respetarlo.
Y con eso se puede resolver todo. ¿Verdad, patriarca?
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