Su incorporación al Verde supone, además, tomar distancia del itinerario político de José Francisco Yunes Zorrilla y de las expectativas construidas alrededor de Román Moreno Hernández, de Movimiento Ciudadano. Esto representa una separación de proyectos; no necesariamente una ruptura personal. Américo comienza a operar con otra camiseta, otras responsabilidades y una lógica distinta de alianzas.
Para quienes presentan su decisión como un salto hacia territorio desconocido, conviene recuperar la memoria: fue candidato de coaliciones que incluían al Verde tanto en la diputación local de 2010 como en la elección municipal de Xalapa de 2013. Ya había compartido campañas y objetivos electorales con ese partido. Esa experiencia acredita familiaridad política, aunque la identificación con su propuesta ambiental deberá demostrarse mediante acciones.
También existe un antecedente que ayuda a entender el acercamiento con Javier Herrera Borunda, referente político del Verde veracruzano: Américo fue secretario del Trabajo durante el gobierno de Fidel Herrera Beltrán, padre del dirigente. Su trayectoria se desarrolló dentro de aquel grupo gobernante. El encuentro actual puede leerse, por tanto, como una convergencia entre actores con referencias políticas compartidas.
La coyuntura ofrece beneficios recíprocos. Zúñiga encuentra posibilidades de interlocución y trabajo; el Verde incorpora un cuadro con experiencia administrativa y electoral. La cerrazón partidista tiene costos: cuando una organización deja de ofrecer horizontes, sus integrantes buscan dónde continuar haciendo política.
Su delegación puede interpretarse como una herramienta para construir acuerdos con el oficialismo federal y estatal, antes que como una plataforma de confrontación. Pero esa utilidad dependerá de resultados, no del nombramiento.
Aunque la encomienda inmediata corresponde al proceso 2026-2027, cabe una hipótesis de mayor alcance: su horizonte podría estar en 2029. No existe una candidatura anunciada que permita afirmarlo como hecho. Sí existe una oportunidad para acumular estructura, interlocución y peso propio.
Ahí estará la prueba: convertir experiencia en fuerza política y hacer que la agenda verde gane contenido, además de nombres.
Al tiempo.
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