Acontracorriente
Manuel del Ángel Rocha
 

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Apenas dos, de muchos indiciados
2017-03-14

La reclusión de Flavino Ríos Alvarado y de Arturo Bermúdez Zurita, apenas dos secretarios detenidos de la muy cuestionada administración del prófugo ex gobernador  Javier Duarte, hace que los  aplaudidores, beneficiados de una o de otra manera en esa etapa de  corrupción e impunidad, se sientan aludidos.  Los veracruzanos seguimos esperando que a la PGR  proceda en contra no solo de Duarte, sino también de todos los involucrados en la desviación de recursos federales, que de acuerdo a las auditorias de  la ASF, hay nombres y apellidos de responsables, como el del ex tesorero y actual diputado federal por Cosamaloapan, Tarek Abdala, quien está sujeto a proceso, de acuerdo a las declaraciones del ejecutivo estatal, Miguel Ángel Yunes Linares.


 La detención del gobernador sustituto Flavino Ríos Alvarado, ha hecho que desde Enrique Ochoa Reza presidente nacional del PRI, Renato Alarcón Guevara, dirigente estatal, el Senador Héctor Yunes Landa y una pléyade de insignes  priistas se hagan presentes  para cuestionar el arresto. Los defensores de la causa  priísta  manifiestan  persecución política por parte del gobierno. No tienen memoria  o su cinismo es tal que ya se olvidaron  del atraco  que  cometieron  en contra de los veracruzanos. Aun no ha comparecido un mínimo de los crapulosos personajes que depredaron la hacienda de los veracruzanos, y los orgánicos protectores ya vociferan su “inocencia”.


Hoy aparecen  todas las virtudes al político minatiteco, que  en su tiempo se demostró había nacido en el estado de Oaxaca, pero que conociendo los códigos del sistema priista ha sido tan  bien arropado, que hasta gobernador llegó a ser. La virtud de Flavino es decirle que sí al inmediato superior. Ha sabido sumarse, y eso lo  llevo  a sumirse en la estercolera heredada por Javier Duarte. A pregunta de reportera, el indiciado  no sabe nada del fugitivo Duarte de Ochoa, como tampoco de la desviación de recursos,  que desde su posición como secretario de Gobierno y Gobernador, debía de estar  al tanto de lo que ocurría en la administración estatal. Para los abogados, el acusado fue omiso ante un deber legal, pero para el pueblo un cómplice de las trapacerías realizadas.


En una defensa encendida,  muy emocional, el líder estatal del PRI,  Alarcón Guevara insistió que la actuación de Yunes Linares,  era de persecución política, toda vez que los hechos ocurren en pleno proceso electoral con el fin de amedrentar a la oposición. Solicita se revise también la actuación de la Fiscalía General, porque  desde su óptica  está siendo usada con fines tendenciosos. Que  pronto se le olvido al novel dirigente, que el anterior Fiscal dejó  centenares de expedientes judiciales abiertos, por ineficiencia y también por corrupción,  cometidos   por el clan que desgobernó Veracruz por 12 años, y  que  no se procedió en su contra, porque pertenecen  precisamente a   esa camarilla.


Hoy que el gobierno  le quiere dar sentido al concepto de justicia a favor de la sociedad, de los veracruzanos, y encarcelar a los cleptómanos, de inmediato los encubridores ponen el grito en el cielo para distraer la atención social y sembrar en el ánimo ciudadano la duda de  que   la detención de Flavino es   una injusticia. Lo que realmente están haciendo  es esparcir  el  dosel de humo para cubrir  las tropelías cometidas durante 12 años por personajes indeseables e innombrables.   


Pero el disparate mayor lo escenificó el candidato perdedor a la gubernatura, el Senador Héctor Yunes Landa, al  afirmar que el actual gobernador esta resultado peor que Javier Duarte. Hasta la comparación ofende, “primo”. Debe ser que el dolor por haber perdido la elección aún perdura y  no da mesura al juicio del Senador. Comparar 12 años de rapiña, contra tres meses de gobierno, suena a caricatura.  Así las cosas, la contraofensiva está al día y en marcha, y los saqueadores poniéndose la camisa de víctimas, además de  medrar  con la credulidad de un  pueblo que necesita de noticias esperanzadoras, y atención a sus necesidades más apremiantes.  Los impresentables están ahí, urdiendo estados de ánimo en su favor, que poco les durarán, porque el juicio social es más fuerte que sus evidentes e inocultables mentiras.       


    

 
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