Todavía resuenan los ecos de su festejo triunfal, donde juraba y perjuraba que su municipio seguiría siendo un "bastión azul"... y tres Doritos después, ya es más verde que una lechuga.
La pregunta que resuena en los pasillos del PAN de Veracruz es qué está haciendo el todavía líder Federico Salomón Molina, porque cerrar filas, no se ve. Tal vez anda demasiado ocupado tratando de quitarse de encima la fama de violentador político en razón de género que le queda cuando las autoridades lo zamparon en la lista negra nacional.
Mientras tanto, Edgar Herrera Lendechy, el coordinador del PVEM, nos vendió el cambio con un discurso tan poético que casi nos hace llorar: dice que Reyna se une por su compromiso con el “bienestar social”.
¡Qué belleza! Es conmovedor ver cómo los políticos usan a los partidos como trampolín para, una vez en el aire, caer con una elegancia envidiable en los brazos del gobierno en turno.
Más que la "coacción" que denuncian el Fofo y Carbonell, lo que hay es un pragmatismo digno de una medalla olímpica. Al final, no es que los presionen; es que la certidumbre de que Veracruz seguirá siendo guinda, Verde o Rojo PT, los próximos años, tiene un poder de convencimiento que ya quisiera cualquier filósofo griego.
En la política jarocha, las convicciones duran lo que tarda en secarse la tinta de la constancia de mayoría. |