Pero, ¿Está Trump contra las cuerdas? Todavía no, sería exagerado afirmarlo, pero tampoco tiene el camino tan despejado como podría suponerse.
Aquí comentamos de un límite financiero: el mercado y la deuda. Hoy apareció otro límite: el jurídico. Y detrás comienzan a aparecer otros frentes que tampoco son menores: Canadá, Europa, China y, desde luego, el costo político interno.
Porque incluso las grandes potencias y los presidentes más poderosos comienzan a enfrentar problemas cuando aquello que antes resolvían con una orden, una amenaza o una firma, empieza a encontrar resistencia.
Y quizá esa sea la verdadera señal: Trump sigue teniendo una enorme vara para golpear, presionar, amedrentar y ganar partidas. Eso es innegable.
Pero el poder no elimina la realidad. Las decisiones tienen consecuencias y, tarde o temprano, las facturas comienzan a llegar.
La política migratoria enfrenta un creciente rechazo; la inflación sigue siendo una preocupación y las próximas elecciones de noviembre podrían convertir esos problemas en votos. Por eso es que no son temas menores.
Quizá todavía sea demasiado pronto para hablar de un debilitamiento del poder estadounidense o de Donald Trump, pero tampoco se puede ignorar esas señales.
Y aunque esas señales no necesariamente estén conectadas entre sí, son obstáculos incómodos frente a un presidente acostumbrado a que su voluntad marque el rumbo.
Porque en eso, en el temperamento impetuoso de Trump, se puede cambiar el panorama hacia cuántos límites más comenzarán a aparecerle enfrente. El poder puede ser enorme, pero la historia ha demostrado que nunca es infinito.
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(COLUMNA "FIGURAS Y FIGURONES") |