La lectura parece simple: el PRI ya no da para competir, y menos para ganar. Por eso, más que renuncia, se le ha visto como una mudanza política.
Muy válida y legítima por si le preguntan a los sabios bebedores de café.
Quienes conocen a Héctor saben que al partido que adopte como destino, no será por afinidad, sino por conveniencia personal y de una oposición carente de figuras.
En política quedarse sin partido no es perder rumbo, es buscar uno que sí dé boleto.
Y ojo, Héctor no se irá solo, ya lo verán.
La pregunta no es por qué Héctor se fue y otros le seguirán, sino cómo tienen calculado regresar.
Los canillazos son para quienes hoy critican a Héctor: tiene derecho y él puede llenar ese gran hueco que hoy tiene la oposición en Veracruz. |