La derrota de 2016 frente a la alternancia que encabezó el yunismo marcó un antes y un después. El desgaste provocado por el desastre gubernamental de Javier Duarte terminó arrastrándolo políticamente en el peor momento posible. Aquella candidatura al Gobierno de Veracruz llegó demasiado tarde y bajo las peores circunstancias. El PRI ya estaba moralmente derrotado antes de la elección.
Pero lejos de reconstruirse políticamente, Héctor comenzó a exhibir muchos de los vicios que durante décadas el propio priismo incubó: el control de estructuras paralelas, la utilización de partidos satélite para negociaciones personales y la construcción de un clan político familiar. Ahí aparece Alternativa Veracruzana, encabezado por su compadre Alfredo Tress Jiménez, así como la insistencia por colocar a integrantes de su entorno en posiciones legislativas y espacios de poder.
El problema no era únicamente político. Era simbólico. Veracruz comenzó a cansarse de los mismos apellidos, de los mismos grupos y de las mismas prácticas.
Con la llegada de Alejandro Moreno al control nacional del PRI, el margen de maniobra de Héctor Yunes se redujo drásticamente. Ya no era el operador indispensable. Ya no controlaba candidaturas ni definía listas plurinominales con la soltura de otros tiempos. Y fue entonces cuando apareció la obsesión por mantenerse vigente a cualquier costo.
Porque en política existe algo más peligroso que perder poder: negarse a aceptar que el tiempo político terminó.
La reciente renuncia de Yunes Landa al PRI, partido al que juró jamás abandonar, confirmó precisamente eso. Aquel político que en 2016 aseguraba que moriría priista entendió que, para conservar espacios, necesitaba romper con la institución que le dio absolutamente todo. No fue un acto ideológico. Fue supervivencia política.
Y en ese contexto llegó el episodio que terminó desbordando la percepción pública: el presunto asalto y robo de una cadena en Boca del Río. Lo que pretendía convertirse en una denuncia de alto impacto terminó degenerando en una oleada de burlas, memes, especulaciones y descalificaciones públicas. La narrativa del “sujeto diminuto”, el supuesto chupetón en la nuca y las inconsistencias del relato provocaron exactamente el efecto contrario al buscado: ridiculizar al personaje.
Ahí radica la verdadera tragedia.
No se trata de un político improvisado o sin historia. Se trata de alguien que sí tuvo carrera, formación y oficio, pero que en el afán de seguir vigente terminó erosionando su propia credibilidad. Y en política, cuando se pierde la credibilidad, difícilmente queda algo.
Porque al final el poder puede obnubilar incluso a los más experimentados. Y Héctor Yunes parece haber olvidado una lección elemental del viejo sistema que tanto dominó: el retiro digno también es parte de la inteligencia política.
Hoy, mientras Veracruz enfrenta desafíos reales y mientras la gobernadora Rocío Nahle García mantiene una dinámica de trabajo permanente enfocada en gobernar, algunos actores siguen atrapados en la lógica del protagonismo artificial y la conspiración imaginaria.
Y el problema de vivir obsesionado con los reflectores es que llega un momento en que la luz ya no ilumina… exhibe.
Sextante
Vale reconocer que, en el Congreso del Estado, el presidente de la Junta de Coordinación Política, Esteban Bautista Hernández se anotó un 10 con la propuesta e iniciativa de descontarles de sus dietas a los legisladores faltistas, algo que se reconoce, porque parecía que los tribunos formaban parte de una casta intocable que podían hacer y deshacer a sus anchas, sin afectarles en nada, si llegaban o no a las sesiones del Congreso para la cual el pueblo los contrato.
A partir de hoy, quien no se presente, sin justificación, le será descontado el monto correspondiente a su ya de por si jugosa dieta.
Solo cabrá también recordarle al legislador que, si la cita a sesión es a las 12 del día, a esa hora debe llegar, puntual a la cita, porque ahí también radica mucho del desorden al que hoy le quiere poner un hasta aquí, fomentado afirman algunos por el mismo.
Puntualidad, puntualidad y más puntualidad.
¡Es cuánto!
Al tiempo.
astrolabiopoliticomx@gmail.com
“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx
(COLUMNA "ASTROLABIO POLÍTICO")
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