Pero también conviene decirlo completo. La bursatilización por sí misma no fue el problema. En muchos casos, el verdadero daño estuvo en el manejo que algunos ayuntamientos hicieron de esos recursos. De poco servirá, por tanto, liberar ingresos si el día de mañana se vuelven a comprometer sin planeación, transparencia ni rendición de cuentas.
Hoy, la medida de Nahle rompe la inercia discursiva de ver para atrás solo para nombrar culpables, demostró que gobernar también significa resolver problemas heredados que parecían permanentes.
Y es que el aplauso sin argumentos es solo eso: aplausos.
Ahí está el verdadero reto. No sólo terminar con una deuda histórica, sino impedir que Veracruz repita una historia que hipotecó durante años el futuro de sus municipios. |