Solo en 1 de cada 10 expedientes asoma la sospecha de chicanadas mayores, como la falsificación de documentos, la suplantación de identidad, poderes notariales patito y la simulación de actos jurídicos.
Por eso, entre lecheros bien calientes y crujientes canillas, se coincidió en que resulta aventurado soltar motes y adjetivos al aire. No se puede hablar a la ligera de "cárteles inmobiliarios", ni señalar redes organizadas de corrupción o soltar metralla contra todo el gremio notarial a diestra y siniestra. Que algún mañoso use papelería notariada para sus tranzas no significa, en automático, que exista una colusión.
Lo verdaderamente rescatable —subrayaban las cabecitas blancas de los cafés— es que desde la cúpula del poder estatal se asuma el reto con seriedad, entendiendo que este mal no es exclusivo de Veracruz, sino un dolor de cabeza que aqueja a prácticamente todo el país.
Y ahí es donde cobra relevancia apretar las tuercas preventivas: herramientas como la adopción de la CURP biométrica o la validación de huellas y rostro en las propias notarías son pasos fundamentales para cortarle el paso a los defraudadores.
Así las cosas, los lecheros bien calientes de la jornada van dedicados a Rocío Nahle y a Ricardo Ahued, para que mantengan el vuelo y la energía al llegar al fondo del asunto; mientras que los canillazos bien dados caen directo sobre aquellos particulares sin escrúpulos que, a base de mañas, falsedades y tratos indignos, son capaces de todo con tal de adueñarse de lo ajeno. |