Morena quiere ganar las 17 gubernaturas que estarán en juego en 2027. Para conseguirlo tendrá que hacer algo bastante más complicado que encontrar candidatos competitivos: conseguir que quienes pierdan la candidatura sigan siendo aliados.
No es un asunto menor.
El partido recibió 277 registros para las 17 gubernaturas. Su convocatoria establece que la encuesta es el método para definir las candidaturas y que los aspirantes deben comprometerse a respetar el resultado. En los estados con mayor número de registros habrá filtros previos hasta llegar, en principio, a seis perfiles para la medición definitiva.
Pero hay una novedad relevante: Morena decidió mantener bajo reserva los resultados de esas encuestas. Los participantes descartados pueden conocer sus propios números, pero el partido no está haciendo públicos los resultados ni el detalle de la medición.
La decisión tiene una lógica política. En 2023, Morena transparentó buena parte del procedimiento de su encuesta presidencial. Ahora, ante una competencia interna mucho más amplia y con varios estados donde la disputa ya es áspera, el partido parece haber elegido otra fórmula: menos información pública, más negociación interna.
El problema es que ambas cosas no siempre caminan juntas.
¿Cómo se le pide a un aspirante que acepte perder una candidatura cuando los demás no pueden conocer los números que supuestamente lo derrotaron?
No se trata de afirmar que haya manipulación. No hay elementos para sostenerlo. Se trata de algo más sencillo, la legitimidad de una derrota también depende de la confianza en el marcador.
Y Morena tiene algunos laboratorios para comprobarlo. Chihuahua, por ejemplo, ya vive una disputa intensa entre Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez, mientras la dirigencia intenta contener los efectos de la confrontación. Guerrero, Michoacán, Baja California y Quintana Roo también aparecen entre los procesos internos más disputados.
Además, la encuesta no es necesariamente la última palabra. La Comisión Nacional de Elecciones conserva facultades para revisar perfiles y la dirigencia ha advertido que ganar una medición no basta si el aspirante no cumple criterios de honestidad, trayectoria e idoneidad. También pesa el criterio de paridad.
Así que el aspirante de Morena enfrenta una ecuación peculiar: puede perder una encuesta cuyos números no serán públicos y, aun si la gana, puede descubrir que eso tampoco garantiza la candidatura.
El método puede ayudar a evitar una rebelión inmediata. Pero también deja una pregunta para después: ¿Qué hará Morena con los perdedores cuando ya no haya encuesta que mostrarles, pero sí una elección que ganar?
Porque el verdadero reto del partido rumbo a 2027 quizá no sea encontrar a los candidatos que ganen, sino que quienes pierdan sigan queriendo ganar con ellos.
Veremos qué ocurre, y si de verdad ocurre.
X: @aaguirre_g
(COLUMNA "AL RESPECTO") |