Sin embargo, esta misma realidad obliga a una lectura crítica más profunda. Que sea la propia titular del Ejecutivo quien deba salir de manera reiterada a revisar obras carreteras revela también una falla estructural en su equipo de gobierno. La supervisión de contratos, el seguimiento técnico, la presión a empresas incumplidas y la aplicación de sanciones no deberían recaer en la gobernadora. Para eso existen secretarías, direcciones, residencias de obra y una normatividad clara que prevé castigos administrativos y legales cuando las obras se abandonan, se retrasan o se ejecutan con deficiencias.
Cuando una carretera permanece semanas sin trabajadores, cuando un tramo se queda a medias o cuando la calidad deja dudas, no es solo un problema técnico: es un síntoma de laxitud administrativa. Y en ese punto, parte del equipo de Nahle García queda a deber. No ejercer presión, no aplicar sanciones o permitir la inercia burocrática es faltar al compromiso no solo con la gobernadora, sino con los ciudadanos que pagan esas obras con sus impuestos y esperan resultados.
Paradójicamente, esta debilidad operativa contrasta con la fortaleza política de la mandataria. Lejos de desentenderse, Nahle García ha optado por estar “in situ”, verificar personalmente y dejar claro que ninguna instrucción puede diluirse en la cadena de mando. Su estilo recuerda una vieja y sabia conseja de gobierno: “lo que no se supervisa, se descompone; lo que no se vigila, se lo lleva la chingada.”
Ese mensaje no va dirigido únicamente a las constructoras, sino también a sus propios funcionarios. La gobernadora ha dejado claro que no habrá tolerancia para la simulación ni para el incumplimiento. Su presencia en el territorio es, al mismo tiempo, un acto de responsabilidad y una llamada de atención.
La rehabilitación de la red carretera avanza, sí, y eso debe reconocerse. Pero el reto ahora es que ese avance no dependa exclusivamente del carácter y la determinación de la gobernadora. Un gobierno sólido no es aquel donde la jefa tiene que hacerlo todo, sino aquel donde cada engranaje cumple su función con eficiencia y compromiso.
Rocío Nahle García está cumpliendo su palabra. Corresponde ahora a su equipo demostrar que también entiende la dimensión del encargo que se les confió y que gobernar Veracruz exige algo más que presencia: exige responsabilidad, disciplina y resultados.
Al tiempo.
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