Para documentar la ignominia textual (y de otras) de quien tiene capturada ilegalmente la Rectoría de nuestra máxima casa de estudios, reproduzco solamente el primer párrafo de la cartita, que sus seguidores/cómplices, llaman comunicado:
“Ante la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, en donde se pone en riesgo la soberanía de este país, invocamos los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, que establece la igualdad soberana de todos sus miembros”.
Eso que rebuznaron los escribientes del grupo martincillista es una pieza digna de que sea destrozada por un profesor de tercer año de primaria, porque no tiene ni pies ni cabeza, sintácticamente hablando.
El tal Martín Aguilar se sintió como en sus mejores tiempos de estudiante en que andaba en marchas en contra de todo lo que significara autoridad, vestido con su uniforme de pantalones de mezclilla deslavados y camisa de manta, y mandó a que hicieran un textículo en contra, una vez más, de otra intervención ominosa del imperialismo yanqui.
Y le salió a él o a sus escribanos un documento que lo revela como un Gramsci de cuarta región o como un Foucault ortodoxo, con todo lo de paradojal que significa eso.
¿Qué tiene que andar haciendo Martín condenando la intervención de Bush y gastando recursos que son urgentes para mejorar las condiciones de las instalaciones universitarias? Se nota que a falta de figurar en situaciones de prestigio dentro del concierto educativo nacional se muestra como lo que es, un revolucionario de pacotilla que piensa que cantar canciones de la República Española es el grado máximo de la ideología de izquierda.
La comunidad universitaria no le ha dado ninguna autorización a Martinillo para que hable en nombre de toda la UV, y por eso se sigue levantando en contra de las imposiciones reiteradas del espurio.
Así, hasta que caiga.
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