Hoy, el secretario Ahued se enfrenta a la oportunidad de hacer destacables sus capacidades políticas para establecer un orden interno y establecer una armonía entre los múltiples y diversos intereses que intervienen en la conformación de ese ente que conocemos como el pueblo jarocho. Una vez que termine para él la distracción que implica la ejecución de obras menores, el año que inicia podría ser
el de su consolidación como el negociante hábil y honrado que es, como el fiel de la balanza para dirimir conflictos que a otros ojos podrían parecer irresolubles y como el fiel ejecutor de la línea política marcada por la titular del Ejecutivo para conseguir el ansiado desarrollo del estado.
Por su parte, el profesor Esteban Bautista da muestra permanente de su sólida formación social en el crisol de las luchas contra la injusticia, contra la desigualdad, contra la pobreza centenaria e infame que ha azotado a la raza.
Hecho a la lucha más cruenta, el ahora diputado Bautista sabe que la guerra también se puede hacer con tersura. Conoce los costos inefables de la violencia y por eso apuesta al diálogo, a la negociación, a la tolerancia. Como adversario empedernido, ubica al enemigo no en personas sino en ideas y actitudes que desvían la intención prístina del poder, que es ayudar a todos hasta que duela y no servirse de él en lo particular.
Accesibles, sencillos, inteligentes, el profe Bautista y Ricardo Ahued pueden hacer cierta y aceptada la apertura de un Gobierno que se propone como el transformador de las condiciones del estado. Ambos conocen y ambos han ejercido a lo largo de sus vidas el principio de la participación de la sociedad como la condición innegable para conseguir el progreso y la paz.
Sólo es cosa de que los pongan a actuar.
sglevet@gmail.com |