Durante años, el tabasqueño fue mucho más que un coordinador parlamentario. Fue operador, intermediario, eje de grupos internos y protector de aspiraciones adelantadas. Pero, contrario a los principios originales del lopezobradorismo, terminó empachado de poder, administrando equilibrios heredados y sosteniendo estructuras que hoy ya no tienen cabida.
Por eso su salida no ocurre en el vacío, ocurre en el momento exacto en que Claudia Sheinbaum comienza a consolidar el poder presidencial sin intermediarios ni tutelas políticas.
En Veracruz, esta lectura no solo fue entendida, sino celebrada. La gobernadora Rocío Nahle García calificó como acertada y adecuada la decisión de relevar a Adán Augusto de la coordinación, subrayando que el Senado necesita fortaleza interna, diálogo y cohesión para respaldar al Ejecutivo. No fue un matiz menor, fue una postura política clara.
Nahle no solo avaló el relevo, lo leyó como lo que es; una decisión que fortalece al Senado, ordena al grupo parlamentario y libera al movimiento de cargas innecesarias. Incluso reconoció que Adán Augusto tuvo la altura política de dar un paso a un lado y continuar como lo que es: senador, trabajando en territorio, sin concentrar un poder que ya no le correspondía.
Además, respaldó abiertamente la llegada de Ignacio Mier a la coordinación, recordando su experiencia previa como líder parlamentario en San Lázaro y deseándole éxito en una etapa que exige conducción política, no simulación.
Este mensaje no es menor. Mientras algunos intentan vender la narrativa de que “no pasa nada” o que “no habrá fisuras”, la realidad es otra: cuando se mueve una pieza central, todo se reacomoda. Y en Veracruz, ese reacomodo tiene beneficiaria clara.
Porque con la salida de Adán Augusto, los opositores internos de Nahle pierden a su principal activo político. Se quedan sin el operador, sin el protector y sin la ventanilla alterna que durante años les permitió jugar a dos bandas.
Manuel Huerta queda en una posición incómoda, sin respaldo real y con una relación tensa con el poder estatal. Sergio Gutiérrez Luna, aislado, sin base en Veracruz y concentrado en el centro del país, pierde aún más peso. Y los Yunes regresan a su estado natural: integrados sin pertenecer, sin control del rumbo político y atrapados entre sus propias contradicciones, como parias políticos.
Caray, mientras algunos todavía lloran al “protector” caído, en Veracruz el mensaje es contundente. Para Rocío Nahle y la dirigencia estatal de MORENA, este movimiento no fue revancha: fue orden.
Se acabaron las dobles ventanillas. Se terminó el juego de equilibrios heredados. Y el poder se alineó bajo una sola lógica.
Esto no es consigna ni discurso, es reconfiguración real, es la transición efectiva al poder pos-AMLO.
Claudia Sheinbaum no está heredando el mando: lo está consolidando. Y en Veracruz, Rocío Nahle no solo entiende el momento: lo capitaliza y queda claro que es el único conducto presidencial en el estado.
En fin, los que apostaron a grupitos alternos hoy se quedan sin operador, sin respaldo y sin futuro político inmediato.
Sí, se quedan en la loma, llorando.
Y no lo quieran minimizar, en política lo que es, es y lo que no, viene siendo…la salida de Adán Augusto fue una barredora brutal, para todos aquellos que le querían jugar las contras a la Gobernadora de Veracruz.
@IvanKalderon |