Una de ellas son los cambios galopantes que vivimos como nación, que no tienen nada que ver con la cuarta transformación artificial que quiso vendernos Andrés Manuel López Obrador como una consecuencia de su también supuesto levantamiento popular, que no fue sino una acumulación de votos ciudadanos en favor del partido Morena, motivada por el hartazgo ante la corrupción galopante de los gobiernos del PRI y del PAN, que se manifestó salvajemente en el sexenio de Enrique Peña Nieto.
Bueno, creíamos que “salvajemente” por los negocitos inmobiliarios de los hijos de Marta Sahagún de Fox, por la carísima Estela de Luz de Felipe Calderón y por la casita blanca de Angélica Rivera y la estafa maestra del último gobierno priista. Y digo que creíamos porque esos grandes robos a la nación se eclipsaron lastimosamente ante el cúmulo de obras adjudicadas directamente a los socios de los vástagos de AMLO, los desvíos multimillonarios de Segalmex, los sobreprecios de los proyectos faraónicos y el despojo inconmensurable del huachicol fiscal.
Ahora y en adelante, cada elección tendrá su propia personalidad y sus cifras particulares. Si en 2024 todavía funcionaron el voto cautivo conseguido por los programas sociales, el voto temeroso que arrimaron los grupos delicuenciales y el voto mapacheado que permitieron las autoridades electorales, vendidas al régimen, el año pasado Veracruz fue una muestra de la quinta transformación naciente, cuando los votantes le quitaron un millón de votos al partido oficial y la preeminencia en los ayuntamientos al partido oficial.
No es objetivo pensar que una alianza opositora sumaría a la creciente simpatía popular de Movimiento Ciudadano los votos que obtuvieron un PRI ahora en franca picada y un PAN totalmente desorientado.
Dante Delgado Rannauro hizo una apuesta arriesgada cuando decidió que su partido fuera solo en las más recientes elecciones, y le atinó de lleno a la redina al obtener resultados asombrosos que le dieron dos gubernaturas importantes (Jalisco y Nuevo León), una presencia notoria en el Congreso de la Unión y una buena cantidad de alcaldías. Pero sobre todo consiguió que el movimiento naranja creciera en la expectativa ciudadana y se consolidara como la segunda fuerza electoral del país.
En el momento actual, Movimiento Ciudadano se plantea jugar en solitario para las elecciones del año próximo, y hay una gran probabilidad de que podrá obtener los votos que no han podido retener los priistas y los panistas.
Así que la coalición que busca desesperadamente Alito Moreno y anhelan los dirigentes de Acción Nacional se ve cada día más alejada, porque en esto de las votaciones a futuro, resulta que dos más dos no son cuatro.
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