Sin tacto.
Sergio González Levet.
 

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La nueva ¿alianza? oficial
2026-03-27

Fue una terrible tragedia para la presidenta Claudia Sheinbaum que sus partidos aliados no le dieran el voto para hacer la reforma electoral que iba a propiciar la perpetuidad en el poder de Morena a través de procesos de votación a modo.


Fue toda una tragedia, que provocó una muina colosal de la primera dama que llega a la titularidad del Ejecutivo, y que se proyectó en malos modos, en regaños injustos (que lo son todos), en gritos e insultos a los colaboradores y asistentes que tenían la desgracia de estar cerca de ella en alguna de sus explosiones de ira, multiplicadas ayer por el resultado de la votación del pleno de la Cámara de Senadores en contra de que se hiciera la consulta de revocación de mandato junto con las elecciones del año próximo.


Pero si Claudia se mostró enojada con sus empleados, está lo que le sigue de irritada contra las dirigencias de los partidos que han acompañado al oficial desde los primeros comicios que llevaron a la Cuarta Transformación al poder (decirles “aliados” sería totalmente irónico).


De esa manera medio indirecta con la que ella amenaza, dijo en declaraciones que la alianza con el Partido Verde y sobre todo con el Partido del Trabajo ya no sería igual en adelante, después de que le fallaron de a feo en su intención de convertir a Morena en el partido hegemónico y único. Güeyes serían los González y los Anaya dueños de esas franquicias electorales si hubieran acatado la casi orden que les quisieron dar los líderes guindas de las dos cámaras -Mier en la de Senadores y Monreal en la de Diputados-, con lo que hubieran firmado su acta de defunción.


Pero si la Presidenta ya les está mandando a decir que va a haber cambios en la relación, los destinatarios y todavía socios a su vez le están regresando el mensaje


prácticamente en los mismos términos: en adelante la coalición ya no será “Seguimos haciendo historia” sino “Ahora va a ser otra historia”.


La soberbia de los morenos ha sido la nota permanente en su sociedad con los dos partidos chiquitos, que les ha permitido darle un vuelco a la ley y hacerse de las mayorías calificadas que han necesitado para modificar la Constitución como los huevos de los restaurantes: al gusto.


En las definiciones de las candidaturas, tanto los trabajosos como los verdes, siempre vieron pasar las mejores oportunidades y los mejores puestos. En cada elección, los discípulos fieles de López Obrador se han servido con la cuchara grande, y en verdad que habían pagado con cuentas y espejitos los pocos votos de sus aliados, que sin embargo les servían de maravilla para consolidar sus triunfos y sus mayorías.


En los congresos, se han atribuido siempre las posiciones desde las que se manejan los presupuestos y las comisiones más importantes y decisivas; en las gubernaturas, apenas cedieron una al PVEM, la de San Luis Potosí; en las presidencias municipales, mantienen el control siempre en las más importantes de todo el país.


Pero eso se acabó, está pensando Claudia desde su enfado sin límites, y no se quiere dar cuenta de que sus socios chiquitos ya le tomaron la medida, y se la van a cobrar en las próximas reparticiones de candidaturas.


sglevet@gmail.com

 
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