El periodista Pascal Beltrán del Río se refirió a “un guion”, esto es, a un detallado instructivo que utilizan quienes hoy detentan el poder:
“… Para los gobiernos de Morena, la realidad no es un conjunto de hechos comprobables, sino una plastilina maleable que se ajusta según el humor matutino. No importa si se trata de un colapso de infraestructura, un escándalo de corrupción con nombres y apellidos, un derrame de hidrocarburo o una cifra de violencia que haría palidecer a cualquier país en guerra; la respuesta siempre será un guion perfectamente ensayado que oscila entre la amnesia selectiva y el martirio heroico”.
Y, en efecto, esa ha sido la ruta ocupada por el gobierno para negar (primero), minimizar (después) y finalmente reconocer el desastre natural que se vive hoy en el Golfo de México.
La organización ambientalista Greenpeace dio a conocer que el primer derrame de hidrocarburos alcanzó 50 kilómetros cuadrados y habría iniciado en un barco cerca de la plataforma Abkatún, en la Sonda de Campeche, entre el 11 y el 17 de febrero.
Imágenes satelitales muestran que ese incidente fue conocido por las autoridades, pero las maniobras de contención no evitaron su expansión.
Para defender su narrativa, el gobierno federal descalificó los señalamientos de Greenpeace, exhibiendo una infografía que compartió esa organización ambientalista a la que calificó como “claramente falsa al ser una representación gráfica superpuesta sobre un mapa base y que no corresponde con imágenes satelitales reales”.
La infografía era, en efecto, una representación ilustrativa y no una captura satelital. Sin embargo, Greenpeace nunca afirmó que fuera un mapa satelital ni de autoría propia. El gobierno utilizó la confusión generada por esa infografía para desacreditar cualquier información que esa ONG emitiera sobre el desastre.
Lo cierto es que no ha habido información pública oportuna y suficiente sobre la magnitud del derrame, sus riesgos ni las medidas de respuesta, a pesar de que el Plan Nacional de Contingencia prevé notificación inmediata, evaluación del incidente y coordinación interinstitucional.
El derrame comenzó a hacerse visible en costas de Veracruz y Tabasco a principios de marzo, cuando comunidades pesqueras e indígenas del sur de Veracruz reportaron el arribo de chapopote a sus playas.
Desde entonces, el incidente ha escalado hasta convertirse en uno de los desastres ambientales costeros más graves de la región en años recientes, con afectaciones a ecosistemas de alto valor ecológico como el Corredor Arrecifal del Suroeste del Golfo de México, la Laguna del Ostión y los manglares. Además ha paralizado la actividad pesquera y turística.
La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) reconoció en un comunicado del 25 de marzo que había logrado recolectar alrededor de 128 toneladas de residuos impregnados de crudo a lo largo de más de 165 kilómetros de litoral en las inmediaciones de los puertos de Alvarado, Coatzacoalcos, Tuxpan y Veracruz, en la entidad veracruzana, así como en Dos Bocas, Tabasco.
Está claro que no se consigue ese volumen de hidrocarburo recogiendo sólo “gotas” o “trazas”.
Como bien advierte Pascal Beltrán del Río… “Finalmente, cuando la tragedia es innegable y el dolor social es palpable, llega la frase que busca sellar la grieta con clientelismo: ‘Nadie se va a quedar sin apoyo’. Al final, todo se reduce a una transferencia, a un monto de dinero que pretende sustituir la eficiencia, la seguridad y la justicia”.
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Epílogo.
En esta crisis institucional por el derrame de petróleo, un personaje de la administración estatal ha sido señalado de manera reiterada por su ineficiencia y sus omisiones: el titular de la Procuraduría del Medio Ambiente de Veracruz, Ángel Carrizales. *** Fue hasta la cuarta semana, desde que recibió los primeros reportes sobre la presencia de chapapote en playas de Veracruz, cuando subió a las redes sociales oficiales que había salido a encabezar brigadas de limpieza en la zona turística entre Veracruz y Boca del Río. *** No fue en los arrecifes, ni en los manglares. Lo que a él -lo mismo que a la gobernadora Rocío Nahle- le importaba, era difundir que “las playas están limpias, los turistas pueden visitar Veracruz, porque ya no se mancharán de petróleo”. *** Bien decía el escritor español Francisco de Quevedo: “Donde hay poca justicia es un peligro tener la razón”. Apenas la semana pasada el abogado penalista Tomás Mundo Arriasa nos dio una buena noticia: Luego de permanecer injustamente en prisión por más de 16 meses, el comandante de la Policía Ministerial Antonio Rodríguez obtuvo la libertad. *** En buena medida gracias al trabajo del abogado Wenceslao Solano Santos se echaron por tierra las falsas pruebas con las que el anterior director de la Policía Ministerial, Samuel López Leza y un elemento a su cargo -que hoy está denunciado por abuso de autoridad- llevaron a prisión a un agente honesto, que nunca se prestó a sus componendas. *** “Ayudaron mucho los argumentos como el razonamiento probatorio, la insuficiencia probatoria, el estándar de prueba y la valoración racional de la prueba, para que el juez Juan Carlos González resolviera este caso”, explicó Tomás Mundo. *** Esta es la muestra de que con voluntad y preparación se pueden revertir miles de resoluciones judiciales que hoy mantienen en prisión a personas inocentes.
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