Y por si fuera poco, los diputados que, entre parientes y compinches, logró dejar insertados antes de su entrega el gobernador Cuitláhuac García pretendieron formar un bloque que, entre sus ensueños del poder perdido, llegaron a pensar que podían deponer al líder de la Jucopo negociado por la gobernadora Rocío Nahle, e imponer a uno de los vástagos infértiles del cuitlismo.
Puestas las cosas en su sitio y alejadas las veleidades de izquierdistas teatrales como la diputada Tanya Carola Viveros Cházaro y su incívico puño alzado, el profe Esteban empezó a dar forma a una diputación seria y discreta, alejada de la soberbia y acercada a la gente, efectiva y eficaz.
La Legislatura LXVIII que hoy está en funciones ha logrado alejar el demonio de las correcciones que los tribunales federales le impusieron a todas las iniciativas votadas por los muchachos de Cazarín, lo que significó una hazaña al revés única e irrepetible.
Hoy, el Congreso de Veracruz ha vuelto a ser un poder con respeto y se maneja con la impronta que le imprime el Presidente de la Jucopo, sustentada en su propia carrera de luchador social.
Las convicciones de Esteban Bautista y su larga vida cerca de los movimientos populares son la garantía que se opone a las corcholatas populistas que manejaba su antecesor.
El orden y la parsimonia han regresado a la representación de todos los veracruzanos, y eso en verdad que es un alivio.
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