La gobernadora Rocío Nahle tiene ante sí el reto de hacer valer la ley sin vulnerar la esencia de la universidad. Pero la mayor responsabilidad recae en la propia comunidad universitaria. Es hora de que estudiantes y académicos exijan una rendición de cuentas real, que no se limite a leer hojas de cálculo con entusiasmo burocrático, sino que explique por qué se permite que la cima de la pirámide viva con excesos mientras la base sufre las carencias de un presupuesto que nunca parece alcanzar para lo importante.
La ética pública no admite medias tintas: o se sirve al interés general o se sirve al bolsillo propio, y en la Universidad Veracruzana, el Rector parece haber elegido lo segundo.
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