Sin tacto.
Sergio González Levet.
 

Otras entradas
2026-04-28 / Griego en Atenas
2026-04-27 / Ahí vienen los árabes
2026-04-24 / Más de Zepeta
2026-04-23 / Sigue Zepeta
2026-04-21 / La bronca en Salud estatal
2026-04-20 / Demencia senil
2026-04-17 / La zona de confort
2026-04-16 / Que pena con Prodecon
2026-04-15 / Rosa María, la cercanía real
2026-04-14 / Los cien días de Lalo
 
Amor de padre
2026-04-29

Sé que el amor paterno ciega y que siempre terminamos por ver en los hijos virtudes, talentos y capacidades que no siempre se ajustan a la realidad (si mis hijos no fueran perfectos, seguramente me engañaría pensando que lo son, pero no es el caso, para fortuna mía y de mi objetividad).


Pienso en la madre de El Carajo, el grotesco personaje de la novela El apando de José Revueltas, que no quiere aceptar en su esperpéntico hijo las deformidades físicas, mentales y espirituales que saltan a la vista a lo largo de toda la narración.


En la literatura, que es la madre invicta de todo el conocimiento humano, aparecen padres de todo tipo: el sufriente y abnegado Papá Goriot de Balzac; el poderoso y despiadado Pedro Páramo de Juan Rulfo: el atinado Atticus Finch en Matar un ruiseñor de Harper Lee, el inolvidable Jean Valjean de Los Miserables de Víctor Hugo; el implacable Fiódor Pávlovich Karamazov, padre de tres hijos y un bastardo, creación inmortal de Fiódor Dostoievski,


Los padres a menudo tenemos un gran amor por nuestros hijos, y así los echamos a perder de una gran manera, con lo que terminamos por forjar a buenas personas que se insertan debidamente en la sociedad y son buenos ciudadanos.


Hay padres complacientes, estrictos, lejanos, ausentes, atemorizantes, amorosos, consentidores, castigadores, golpeadores, criminales. Entre toda esa fructuosa taxonomía lo que perdura es que casi nunca pierden su condición, ya en la ficción o en la misma realidad.


Y hay progenitores que irremediablemente echan a perder a sus hijos cuando quieren darles todo a cambio de nada, cuando procuran que no hagan ningún esfuerzo para que no sufran. Son los incubadores de hijos inútiles y estólidos.


El maestro Atanasio García Durán se reveló ayer mismo como un padre preocupado por el presente y el futuro inmediato de su vástago, que accidentalmente fue Gobernador de Veracruz durante un gris y execrable sexenio. No de otra manera se ha interpretado la insólita declaración que lanzó ayer llena de críticas a la actual mandataria Rocío Nahle García. Lo que dijo en contra de la ingeniera es lo de menos, porque la segunda intención es lo que valió, con la que evidentemente trataba de poner a su Cuitláhuac en uno de los cajones de salida de los posibles candidatos del partido oficial para las diputaciones federales del año próximo.


He ahí seguramente la razón por la cual Atanasio hizo a un lado su proverbial discreción mediática y se lanzó sin red protectora en contra de la Gobernadora, que en la tradición es la cabeza política del movimiento en el que él milita y del que se siente una figura histórica.


Tal vez él y su progenie consideran que a fuerza de críticas pueden debilitar los nexos del poder que encumbran a la señora Nahle y que reducirán sus capacidades de decisión a la hora de seleccionar los abanderados de Morena y, si es el caso, de su o sus aliados.


Vamos a ver cómo le va al buen Atanasio… y al Cuitla.


sglevet@gmail.com


Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de www.politicaaldia.com


 


 

 
Regresar a la Página Principal
Aviso de Privacidad
 
Comentarios
 
En Política al Día nos interesa tu comentario, es por eso que creamos este espacio para tí. Aquellos mensajes que contengan un contenido vulgar, difamatorio u ofensivo, serán eliminados por el administrador del sitio. Leer normas y políticas