Y aquí viene uno que dice: “Sacristán que vende cera y no tiene cerería, de dónde la sacaría? Si no es de la Sacristía?”, obviamente el aludido sacristán se defenderá y en su defensa el clero exigirá ¡¡pruebas, pruebas, pruebas!!
Pero el pueblo bueno ya las tiene, las había visto desde “endenantes” y su conclusión ya no tiene lugar a dudas.
Otro dicho dice que “el amor, el dinero y lo tarugo no se pueden esconder” y menos si hay quien se embriaga con las 3 características, lo cual no es extraño y menos cuando sucede bajo una circunstancia de cambio de gobierno, como pasó en el 2018.
Llegaron a Veracruz caras nuevas y otras no tan nuevas, en las que se notaba un entusiasmo, opacado por la sencillez de su aspecto, lo que pudiera traducirse en que venían “con una mano atrás y otra adelante”.
Antes de terminar el 2º año de gobierno ya eran millonarios y no lo escondían pues parecía que deseaban ser admirados. Y si seguramente alguien osara insinuar de posibles actos de corrupción, el Estado dirá: ¡¡pruebas, pruebas, pruebas!!. Aunque bastaría que revisaran la Declaración Patrimonial de esos atarantados, para descubrir que, cual Noroña, antes vivían en condiciones precarias.
Historias de políticos exitosos abundan; políticos de carrera que son millonarios y que no hay forma de justificar con su salario los bienes que han adquirido y el estilo de vida que presumen sin rubor. No hacen falta las ¡¡pruebas!!.
Porque la corrupción no la pueden esconder; traen la boca embarrada de pastel y afirman que ellos no se lo comieron y todavía exigen que el pueblo se lo demuestre. Porka Miseria.
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