La compañía china ha sido favorecida en los últimos años con el otorgamiento de varios y sustanciosos contratos. De acuerdo a datos de la petrolera mexicana y a manera de ejemplo, Petróleos Mexicanos firmó con Sinopec el contrato No. 640851806 a través de su empresa subsidiaria Pemex Exploración y Producción para llevar a cabo la ejecución de trabajos de adquisición sísmica 3D que permitieran la detección y localización de nuevos yacimientos petroleros en un proyecto que supera ya los 300 millones de dólares.
Lejos de presentarse como uno más de los consorcios privados con los que la empresa del estado tiene trato para desarrollar sus proyectos de esquema mixto, la asignación de trabajos a Sinopec hace encender los focos color naranja ante la evidente tendencia de continuar otorgándole tareas estratégicas a compañías chinas, lo cual de entrada socava la soberanía nacional que la nueva gestión estatal pretende alcanzar, al hacer a un lado a las empresas mexicanas que pueden participar en los procesos de licitación pero para las cuales extrañamente no ha habido un piso parejo.
Pero hay otro grave riesgo que se presenta en caso de que Pemex continúe con la práctica de entregar contratos a empresas de capital chino. Dada la delicada geopolítica internacional que se ha reconfigurado desde la llegada del T-MEC y en especial con las tensas negociaciones que actualmente se están llevando entre México, Canadá y Estados Unidos bajo la beligerante presión del mandatario estadounidense, hoy más que nunca resulta inconveniente que México ceda más proyectos a China y más aun en un ámbito tan estratégico como lo es el petrolero.
El entorno dentro del cual se está diseñando la nueva versión del tratado comercial norteamericano es de por sí harto difícil en algunos de sus rubros, lo que a todas luces vendría a complicar el margen de maniobra que aun tienen los negociantes mexicanos con sus contrapartes canadienses y estadounidenses al saber y ratificar que mayor número de potenciales campos de extracción de hidrocarburos se estarían entregando a manos chinas.
Eso no es todo. En un panorama difícil donde México padece un fuerte desequilibrio comercial con el gigante asiático al presentar un déficit anual poco mayor a los 100 mil millones de dólares, resulta altamente estratégico no dejar los pocos bastiones que la nación tiene a un país que se caracteriza por crecer como un pulpo en todas las áreas donde se le deja meter y en vez de ello diversificar los actores privados que con licitación ganada en mano, se les dará una deliciosa rebanada del pastel para contribuir con efectividad al desarrollo del país, incluidas empresas nacionales que cual efecto dominó jalen a otras para seguir fortaleciendo el mercado interno.
Es indudable. México debe aprovechar con creces la enorme capacidad tecnológica, humana, logística y operativa que hoy tienen las empresas privadas nacionales; no puede darse el lujo de ceder terreno a diestra y siniestra a las compañías asiáticas; no puede permitir que los valiosos recursos de su vasto territorio sean detectados y aprovechados como botín sólo por empresas extranjeras, incluidas las chinas. Porque no se trata solamente de cuestiones comerciales y de una irracional manera de pretender aumentar la producción petrolera. Se trata ni más ni menos, que de proteger y procurar la soberanía nacional.
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