Entre los señalados aparecen diputados de MORENA, PT, Movimiento Ciudadano y PVEM. Es decir, el problema no es de partidos, sino de actitud. La disciplina que muchas veces exigen a funcionarios, maestros, policías o trabajadores también tendría que aplicarse dentro del propio Poder Legislativo.
Llama la atención que incluso el presidente de la Junta de Coordinación Política, Esteban Bautista Hernández, aparezca en la lista por acumulación de retardos. Más allá de cualquier justificación, terminó reconociendo que debía asumir la sanción porque, como él mismo dijo, el pueblo les paga para estar ahí. Difícil encontrar un argumento en contra de esa afirmación.
Por supuesto, también existen casos que merecen revisión. El diputado Adrián Ávila Estrada asegura que su ausencia estaba justificada por una reunión relacionada con sus funciones legislativas. Si fue así, corresponde aclararlo. La aplicación de un reglamento debe ser pareja, pero también justa.
Sin embargo, el debate de fondo sigue siendo otro. Mientras miles de veracruzanos cumplen jornadas completas, checan horarios y enfrentan descuentos cuando incumplen, resulta difícil entender por qué algunos representantes populares consideran opcional asistir a las sesiones o participar en las votaciones.
La política atraviesa una crisis de credibilidad. Y buena parte de ella se explica por conductas como estas. Los ciudadanos esperan resultados, propuestas y trabajo; no listas de faltistas.
Los descuentos anunciados no resolverán los problemas de Veracruz ni mejorarán por sí solos la imagen del Congreso. Pero al menos recuerdan algo elemental: ocupar una curul es un privilegio que viene acompañado de obligaciones.
Y la primera de ellas es presentarse a trabajar. Está columna de pública los lunes, miércoles y viernes.
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