- La obligación de todas las instituciones de salud de contar con un Código de Ética efectivo.
- La designación obligatoria e independiente de un Defensor de la Atención a la Salud.
- La posibilidad real de que cualquier ciudadano tramite quejas cuando le nieguen un medicamento o le difieran una cirugía.
- Un arbitraje médico con dientes para sancionar el incumplimiento.
¿Verdad que suena urgente? Pero ahí la vara mide distinto.
Regresando a las audiencias: regular medios no es malo per se, casi todas las democracias lo hacen, la diferencia fundamental no está en modelo de la regulación, sino en el grado de independencia del órgano regulador y en el alcance de sus facultades.
En democracias débiles como Venezuela, Nicaragua o Rusia, las leyes de "responsabilidad social" o de "información falsa" acabaron siendo el pretexto perfecto para asfixiar frecuencias, confiscar bienes, imponer multas y callar voces incómodas. En Cuba ni se despeinan: el Estado es dueño de todo y sanseacabó.
En el resto del mundo real, el mejor control de calidad de las audiencias es el control remoto o el scroll del teléfono. Si el contenido no gusta, se le cambia. Así de sencillo, sin tanto trámite ni burocracia.
Curiosamente, la respuesta más pragmática sobre el tema la dio la propia Presidenta cuando le preguntaron si las mañaneras entrarían en este esquema regulatorio. Su contestación fue contundente: "quien no quiera ver la mañanera, pues que no vea la mañanera". (Así se aplica el derecho de las audiencias sin necesidad de simular una consulta).
Y mire usted, en eso coincidimos plenamente millones de mexicanos: para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo. Si algo no nos gusta, le cambiamos... empezando por los discursos políticos.
Nota: Es mi pienso, ¿eh?
Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de www.politicaaldia.com |