La certeza jurídica no se recupera con un comunicado de prensa. Se recupera con hechos, y ahí es donde México tiene la tarea pendiente antes de la próxima ronda del 20 de julio.
No es que Trump haya cancelado el TMEC ni que se haya "salido" de la revisión. Lo que ocurrió este primero de julio es más preciso y, en el fondo, más preocupante: Estados Unidos se negó a extender automáticamente el tratado por 16 años más —como pedían México y Canadá— y en su lugar impuso un esquema de revisiones anuales durante los próximos diez años, hasta 2036. El tratado sigue vivo. Pero Trump decidió no darle a México la certeza de largo plazo, sino mantenerlo bajo revisión constante.
Lo que significa para México una incertidumbre permanente, que es veneno puro para la inversión. Ninguna empresa global toma decisiones de construir una planta cuando las reglas del juego se revisan cada doce meses.
Además de la presión arancelaria que Trump usará en estas revisiones anuales como palanca constante, no solo de comercio, sino de migración y combate al fentanilo, a cambio de no golpear la economía mexicana.
La próxima ronda de negociaciones bilaterales será el 20 de julio en la Ciudad de México, y ahí sabremos si esto es solo una táctica de presión de Trump, o el inicio de un desgaste que, revisión tras revisión, termine reescribiendo las reglas de la integración norteamericana a favor de un solo socio, los Estados Unidos. Porka Miseria. |