Hay recuerdos de la política veracruzana que, con el paso de los años, adquieren una vigencia sorprendente.
Durante el gobierno de don Agustín Acosta Lagunes, me cuentan, el entonces gobernador tenía una particular manera de comprobar que los informes que recibía sobre las obras públicas correspondieran con la realidad.
Contrató a una arquitecta de su confianza y le encomendó una tarea muy sencilla, aunque seguramente no muy cómoda para algunos funcionarios: recorrer personalmente las obras que estaban en proceso o que le reportaban como terminadas.
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