Decimos que Huerta es consistente porque su ADN no ha cambiado. Sus oficinas son un santuario del Che y de la Revolución Cubana, con libreros que gimen bajo el peso de la doctrina de izquierda y una austeridad que no es pose, pareciera ser su forma de vida.

Alguna vez le soltó a Política Express, con una fe casi religiosa, que la 4T llegó para quedarse al menos 30 años. Y lo peor es que lo cree de verdad, con una convicción ciega que solo dan años de lucha y pensamiento socialista, sin más elementos de prueba que la fe.
Cierto, esta vez se pasó de tueste con la "estampita", pero al ver la sesión completa queda claro que el hombre no actúa: él está convencido de que habla por "el pueblo". Es la vieja guardia AMLOísta en estado puro, esa que incomoda a los de la acera de enfrente y, para ser honestos, también a muchos de los de casa.
Es el "patito feo" del movimiento: nadie lo quiere invitar al baile principal, pero ahí sigue, nadando firme en el estanque.
El analista Ricardo Chúa Agama puso el dedo en la llaga al cuestionar si el senador quiso hacerse el chistoso, si buscó un "gracias" desde Palacio o si fue un desplante de desesperación ante un Plan B que nomás no camina. Lo cierto es que el remate de Huerta, con la frase de que "están zurrándose de miedo" terminó por retratar un espectáculo legislativo de muy baja calidad.
Al final del día, como dicen los chavos, Manuel se pasó de rosca y le bajó mil a su aura.
Pero bueno, no es más que Manuel siendo Manuel. La consistencia ante todo, ¿no creen?
Lecheros bien cargados para quienes no sueltan su bandera ni por error, y canillazos de los buenos para los que confunden la máxima tribuna de la nación con un show de carpa. |