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Homicidios 2008-2009 La muerte tiene permiso


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2011-01-12  
15:22
Extracto del texto publicado en la Revista Nexos por Fernando Escalante Gonzalbo. En 2008-2009 el homicidio en México se disparó por encima de toda lógica social y toda tendencia estadística previa. Fernando Escalante Gonzalbo comprueba con rigor que las muertes crecieron especialmente en los lugares en donde hubo grandes operativos militares y policiacos. La muerte tiene permiso es el título de un libro de cuentos de Edmundo Valadés. Lo repetimos aquí en su memoria y homenaje.


Hace algo más de un año publiqué aquí mismo un análisis estadístico del homicidio en México entre 1990 y 2007. La historia que contaban aquellos números era un poco desconcertante de entrada, porque nos habíamos hecho a la idea de que la violencia venía aumentando en el país desde hacía tiempo, que era incluso mayor a la que había padecido Colombia a fines de los años ochenta. Y no era así. No había datos que justificasen la sensación de inseguridad de la segunda mitad de los noventa y, extrañamente, nadie los había buscado. Por eso los números resultaban desconcertantes. Entre 1990 y 2007 la tasa nacional de homicidios había disminuido sistemáticamente, año tras año; alcanzó un máximo de 19 homicidios por cada 100 mil habitantes en 1992, y a partir de entonces comenzó a bajar hasta llegar a un mínimo de ocho homicidios por cada 100 mil habitantes en 2007.


Por supuesto, esa evolución lenta y sistemática de la tasa nacional ocultaba historias muy contrastantes de diferentes regiones del país. La disminución era particularmente pronunciada en los municipios de menos de 10 mil habitantes en el centro y sur del país, en Oaxaca, Morelos, Estado de México, Hidalgo, Puebla, Campeche, también Guerrero y Michoacán. No pasaba lo mismo en las grandes ciudades, en los municipios que habían recibido importantes flujos migratorios, en las ciudades de frontera. En particular, había tasas altas e inestables en todas las ciudades de más de 50 mil habitantes con paso de frontera en el norte del país, y había tasas mucho más altas que las del resto del territorio en la cuenca occidental del río Balsas, entre Guerrero y Michoacán, y en la parte más alta de la Sierra Madre Occidental, en los límites de Sinaloa, Chihuahua y Durango.


Me encuentro ahora con nuevos números, los que corresponden a 2008 y 2009, de la misma fuente, las actas de defunción capturadas por el INEGI. Y me siento obligado a completar aquel panorama con este otro, aunque el análisis sea todavía tentativo y en algunos extremos difícil de argumentar.


Aquella historia, la de las dos décadas mal contadas del cambio de siglo, podía explicarse en buena medida a partir de factores estructurales: el ritmo de crecimiento de la población, la estructura productiva, el sistema de comunicaciones, la configuración del tráfico fronterizo. No sucede lo mismo con estos dos últimos años: el movimiento es demasiado brusco y muy general, y por eso parece pedir una explicación coyuntural. Pero vayamos por partes. Y comencemos por el perfil de la tasa nacional de homicidios (véase gráfica 1).


El movimiento de los últimos dos años, 2008 y 2009, es absolutamente improbable: rompe con una tendencia sostenida de 20 años, pero rompe con ella además de un modo violentísimo. En dos años la tasa nacional vuelve a los niveles de 1991. Sube un 50% en 2008, y de nuevo 50% en 2009. Eso significa que el tipo de factores que podrían explicar el primer movimiento, ese descenso lento y sostenido de 20 años, no puede servir para explicar el súbito incremento del final del periodo.


Vale la pena, para hacernos una idea más clara de lo que significa el cambio, verlo en números absolutos (gráfica 2).


En 2008 hubo cinco mil 500 homicidios más que en 2007, y en 2009 hubo cinco mil 800 más que en 2008 y tres mil más que en 1992. Es decir, que 2009 fue, con mucha diferencia, el año con un mayor número de homicidios de nuestra historia reciente. Es obvio, a la vista de los números, que el cambio de tendencia ocurre en el segundo año del gobierno del presidente Calderón y no antes; hay, en números absolutos, un ligero incremento en 2005 y 2006, unos 500 casos más cada año, pero el volumen general es consistente con la tendencia histórica. Lo que ocurre después es muy distinto.


Para leer el texto completo visite la liga www.nexos.com.mx

 
 
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