El desarrollo humano ha estado siempre ligado al consumo energético que nos facilita nuestro día a día y sin ella no podríamos llevar el ritmo de vida del que disfrutamos. La educación, la sanidad o el trabajo no serían posibles sin el acceso a la energía. En Holanda 1 de cada 2 servicios de tren ya emplean la energía eólica y se han comprometido a alcanzar el 100% en los próximos 2 años. Australia por su parte es uno de los primeros países en poner en sus calles autobuses que funcionan con energía solar. Y en Alemania la producción de energía solar del país equivale a la de 20 centrales nucleares. Estas iniciativas demuestran las posibilidades que hay cuando existe voluntad.
Se erigen como una alternativa de presente y futuro contra el cambio climático. Energía sostenible, sin emisiones de CO2, sin los problemas de abastecimiento y dependencia a corto y largo plazo. La apuesta por las renovables es el reflejo del compromiso de una sociedad que lucha por una soberanía energética.
Nos hemos creído los dueños del planeta del que formamos parte, hemos faltado al respeto y agredido al medio ambiente, hemos antepuesto nuestros intereses a los suyos. Hemos acabado con sus recursos y su paciencia. La paciencia de nuestro hogar, pues en este planeta vivimos, nos movemos y somos.
Gonzalo López Menéndez Periodista
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