Entonces, ¿en qué parte encaja el discurso de que la inseguridad espanta inversiones?
Simple: no encaja.
La realidad es otra: los capitales están saliendo de las tecnológicas estadounidenses y apostando por México, impulsados por la expectativa positiva del T-MEC, que hoy pesa más que el factor riesgo.
Eso sí: esta confianza no es cheque en blanco. Canadá ya puso el tema de la seguridad sobre la mesa y ahora le toca al gobierno mexicano acelerar a fondo contra la delincuencia, si no quiere que esta racha se diluya.
Mientras tanto, México se juega buena parte de su futuro económico en la renegociación del T-MEC, pero muchos prefieren perderse en videos virales y polémicas artificiales.
¿No valdría la pena voltear un poco más hacia lo que realmente impacta el bolsillo?
Porque, al final, esta estabilidad económica, esta lluvia de inversiones y la renegociación del T-MEC no son solo cifras: también están construyendo el escenario del futuro político del país.
Y ahí, los políticos futuristas deberían tomar nota. Porque si hay un nombre que hoy aparece directamente ligado al rumbo económico de México y a la consolidación de la 4T, ese es el de Marcelo Ebrard Casaubón.
No es casualidad. Su papel en la renegociación del T-MEC, su experiencia internacional y su paciencia política —esa que lo ha hecho esperar, disciplinarse y seguir picando piedra— lo colocan hoy como una figura clave en la ecuación sucesoria.
Cuatro veces lo ha intentado. Cuatro veces se ha quedado en la antesala. Pero la política es de resistencia, no de velocidad. Y a veces, el que sabe esperar… cobra.
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