Con esto, el tricolor cambia de estrategia drásticamente y deja atrás casi un siglo de tradición política. Ya no habrá más “tapados”, no habrá —en teoría— más “dedazo”, ni habrá más “cargada”; al dejar libres a los “Defensores de México” para que recorran sus estados, la lógica dicta que el mejor posicionado será el elegido.
Soplan vientos de cambio en el PRI: lo que antes era misticismo, forma y parafernalia, ahora es osadía y jugar con las cartas abiertas.
Alito señaló que con estos nombramientos no se viola la ley: “Aquí lo que tenemos es inteligencia, es estrategia”, y les receta a los de enfrente la fórmula de AMLO: “tengan pa’ que aprendan”. ¿Con qué cara pueden las autoridades electorales censurar al PRI si no lo han hecho con Morena? Alito vio una oportunidad y la tomó, mandando al diablo la disciplina partidista de casi cien años.
El PRI está en la encrucijada definitiva: o se ajusta a los tiempos y juega con las nuevas reglas, o se resigna a aferrarse al viejo librito y perder el registro.
Alito está dispuesto a caminar al filo de la navaja, pues para el Revolucionario Institucional, el nombrar con más de un año de anticipación a sus figuras no es solo un agandalle político; es también arriesgarse al replicar el experimento que en Morena ha funcionado por la verticalidad del movimiento y porque los inconformes no tienen opciones reales fuera de ahí… pero en el PRI, las cosas podrían salir muy mal o muy bien.
Más allá del cinismo que muestra Alito al copiar las barbaridades que ha cometido Morena, hay que reconocerle la audacia: aun teniendo en la nuca la Espada de Damocles, él sigue echado para adelante como si fuera una blanca paloma.
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(COLUMNA "POLÍTICA AL DÍA") |