Especiales PAD



¿Qué festejar en la desesperanza?


/
2010-08-23  
15:05
El prestigiado conductor de noticias, analista político y columnista, Joaquín López-Dóriga escribió en su columna En Privado, que publica el Diario Milenio: "estamos a días de septiembre, mes del Bicentenario de la Independencia, y la agenda de la efeméride se mueve entre la nada y la decepción. Los encargados de la conmemoración no han estado a la altura de la fecha y dos presidentes de la República, Vicente Fox y Felipe Calderón, han dejado pasar la oportunidad histórica de un reencuentro con lo mejor de nosotros mismos. Desde los tiempos del Foxismo pareció pesarles más el Centenario de la Revolución, que el panismo siempre ha desdeñado, que el de la Independencia, que sería la casa común de todos los mexicanos, y por eso le bajaron el volumen".


Sin embargo, ante tal señalamiento  valdría la pena preguntarnos qué de festejar tenemos los mexicanos.


A escasos 43 días de que México llegue a los 200 años de  Independencia y 100 de Revolución social, a no ser por el Gobierno Federal y muchos Gobiernos Estatales que vieron la oportunidad de malgastar más de 10 mil millones de pesos en jugosos e inútiles contratos para el festejo, en los demás mexicanos no se siente, no se nota y no huele el mismo interés.


En política y la economía el éxito y la eficiencia se miden por resultados, por lo que poco se puede agradecer a los gobernantes mexicanos lo que hicieron con el legado de Hidalgo, Zapata, Villa, Morelos y Allende, pues sus resultados han sido adversos, que desde luego no deben ser los que los próceres se imaginaron y menos los que nosotros hubiéramos deseado.


Nos quitaron el yugo de España, pero la dependencia económica actual del exterior es peor, asfixiante y más humillante que en 1810. Tanta, que hasta leyes racistas nos etiquetan a los mexicanos. Hasta para trabajar y darles de comer a nuestras familias necesitamos ir a los Estados Unidos. Los gobernantes, sean del partido político que sean, dependen de los dictados del Fondo Monetario Internacional, quien impone aberrantes medidas como la de mantener más de 110 mil millones de dólares como reserva monetaria en el Banco Central, para que el dólar no suba de precio y se mantenga por debajo de los 13 pesos. Medida que por cierto sólo beneficia a los importadores, empresas instaladas en México pero de capital norteamericano a las que se les facilita la introducción de insumos, partes y servicios, con los que se mueve una industria en el país. Además, con un dólar barato, las empresas norteamericanas importan barato y venden caro aquí. Aberrantes medidas impuestas que nos hacen ser multimillonarios con más de 70 millones de mexicanos con hambre y sed de justicia social.


Un país "independiente y revolucionario" donde la distribución del ingreso es concentrada por unas cuantas manos, menos del 5% según cifras el Banco de México. Un país que según el propio Secretario de Desarrollo Social, Heriberto Félix Guerra, "la pobreza en el país afecta a uno de cada cinco mexicanos, de los cuales el 12.2 millones están en situación de pobreza alimentaria, aunque la peor pobreza que existe -dijo-  es la que disminuye el espíritu emprendedor de la gente del campo". Pero ¿qué tiene que festejar un país cuando el 44% de su población en pobreza son niños? Según la UNICEF, la  población de 0 a 17 años en situación de pobreza es de 20.8 millones, de los cuales, 15.7 millones se encuentran en pobreza moderada y el restante 5.1 millones en pobreza extrema. Si esta gente no tiene ánimos para emprender menos lo tendrá para festejar.


Un país "independiente y revolucionario" sin empleos. Un país "independiente y revolucionario" deficitario en la producción de sus propios alimentos, con una soberanía nacional que sólo existe en los altos funcionarios de gobierno.


Un país "independiente y revolucionario" con una pobreza alimentaria en crecimiento sostenido que alcanza los 19.5 millones mexicanos, según el Subsecretario de Desarrollo Humano y Social de SEDESOL, Luis Mejía Guzmán. Si esta cifra se despica más, entenderemos que un gran porcentaje de esos 19.5 millones de mexicanos viven en zonas rurales, es decir que son los que producen los alimentos que consumimos el resto de mexicanos que, irónicamente, tienden a ser los que pasan hambre, como sostiene el Director Técnico de la FAO, Martín Hurtado. Con hambre es difícil festejar. Aunque por su parte el titular de la SEDESOL sólo acepte que son 12.5 millones.


Un país "independiente y revolucionario" muy bien desarrollado en infraestructura turística donde su gente carece de capacidad económica para disfrutarla, a pesar de que es apalancada con millonarios recursos públicos, exenta de impuestos y reciben  servilmente esquemas legales para la impunidad. Los mexicanos independientes y revolucionarios, deben conformarse con  sobrevivir hacinados en cinturones de miseria producto de la disparidad de ingresos. Cancún, Acapulco, Puerto Vallarta, Puerto Escondido y otros más donde mexicanos se convierten en aspiran cuando más a convertirse en servidumbre y empleomanía mal pagada o en los tiempos modernos viles burros distribuidores.


Un país "independiente y revolucionario" con la mayoría de ríos contaminados, sistemas lagunarios desecados y llenos de viviendas populares, y un ambiente inmerso en un desequilibrio ecológico mortal, zonas agropecuarias salinizadas, inservibles e improductivas.


Un país "independiente y revolucionario" de los grandes monopolios, los grandes capitales y las grandes carencias para las mayorías.


Un país "independiente y revolucionario" donde el sueño revolucionario llamado ejido, pasó a formar parte del museo histórico de lo inservible. Donde el reparto de tierras y aguas se terminó después de muchos años de luchas para terminar con el regreso masivo a los grandes terratenientes mediante una simple concesión presidencial.


Un país "independiente y revolucionario" con un modelo educativo con más de 50 años de atraso internacional.


Un país "independiente y revolucionario" que no ha sido capaz de respetar los usos y costumbres de casi 15 millones de personas. Ni 100 ni 200 años han sido suficientes para sacar de la miseria a tanta gente olvidada y sin esperanza: casi el 14% de la población pluricultural mexicana. Los problemas sociales y de salud que sufren los pueblos indígenas de México en el siglo XXI laceran e impiden cualquier sano festejo independentista o revolucionario: ¿Podrán festejar los indígena plagados de VIH (SIDA), con desintegración familiar producto de la gran migración a los Estados Unidos, alcoholismo, obesidad mórbida ocasionada por los malos hábitos de alimentación?


Un país "independiente y revolucionario" de habitantes racistas, donde se menosprecia la pobreza, los malos gustos, a los humildes, a los iletrados, a los ancianos, a los niños y niños de la calle, a los marginados. Un país que se avergüenza de su cultura e imita lo extranjero; se avergüenza de lo tradicional en lo individual pero lo festeja en lo colectivo. ¿Tendrá ánimo de festejar el bicentenario de la Independencia y el Centenario una población indígena discriminada por sus  propios hermanos por su pobreza, color, tipo de pelo, por su falta de educación o por hablar algún dialecto?


Un país "independiente y revolucionario" sin control de la violencia y la inseguridad pública; que vive en la zozobra, en el miedo y a salto de mata por la inseguridad creciente, la violencia y el descontrolado consumo de drogas por menores de edad.


En serio, no se Usted, pero yo no veo el ánimo nacional para festejar el próximo 16 de septiembre, lo que debería ser en teoría una gran celebración; porque los mexicanos estamos sumidos en una profunda desesperanza colectiva.

 
 
TEMAS RELACIONADOS: |
 
Más de Especiales PAD
 
 
 
Regresar a la Página Principal
Aviso de privacidad
Comentarios
En Política al Día nos interesa tu comentario, es por eso que creamos este espacio para tí. Aquellos mensajes que contengan un contenido vulgar, difamatorio u ofensivo, serán eliminados por el administrador del sitio. Leer normas y políticas