“Ellos no resistían que un personaje como Omar -de clase media, bien educado, de buenas formas, de buen trato; policía, sí, pero mucho más correcto y bien formado que cualquier otro que hubiera en el Gobierno- pudiera haber sido jefe de Gobierno de la ciudad”, apunta Scherer, perfilando las mejores cualidades de Harfuch como candidato pero minimizando su paso por la policía.
La resistencia a que un “policía” llegue a la Presidencia es real.
En otras notas, Scherer señala que “este grupo de duros no concebía que un funcionario que trabajaba en la policía pudiera ser jefe de Gobierno. Se opusieron a Ebrard porque también pasó por la policía, pero luego fue a la Secretaría de Desarrollo Social, y eso le daba otra connotación”.
No es una cuestión meramente ideológica. Omar García Harfuch podrá ser popular al extremo, el nuevo Peña Nieto en la 4T, pero tendría que vacunarse algunos años antes como lo hizo Ebrard, pasando por carteras sociales, haciendo equipo y demostrando que también sabe ser político.
La otra barrera será el desgaste propio, pero sobre todo el de su mecenas.
Son pocos los gobernantes que han tenido el poder político suficiente para no jugar al “tapado”.
López Obrador en lo nacional y Fidel Herrera Beltrán en lo local, son dos claros ejemplos. AMLO siempre se inclinó por Claudia, la placeaba, la abrazaba, la mantenía alejada de los peligros de Palacio. Es cierto que abrió el juego a la “encuesta”, pero se sabía que sería Claudia. Fidel, por su parte, siempre dijo “es Duarte”. Lo decía en corto y en reuniones y solo los acostumbrados al viejo librito de la política no le creyeron, pero siempre fue Duarte. Tanto AMLO como Fidel estaban “en la plenitud del pinche poder” y por eso pudieron. Pero sin un control como el que ellos tuvieron, mostrar las cartas desde el inicio de la partida es muy riesgoso.
La cuesta será hacia arriba para Claudia Sheinbaum de aquí al 2030 y Omar García Harfuch tendrá que sobreponerse a cuando menos esos dos duros elementos. Morena y la 4T enfrentan su peor crisis política, y aunque la agenda se mueva en torno a las novedades, la sucesión presidencial siempre estará en el escritorio de Sheinbaum.
No lo dejarán llegar al poder los ideólogos de la 4T con ese currículum enteramente policial y Claudia irá perdiendo control político mientras el caudillo de Morena siga teniendo vigencia.
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(COLUMNA "POLÍTICA AL DÍA") |