Para el juego de México contra Inglaterra la tensión estaba al máximo y Clara Brugada apenas había dormido. No solo fueron miles de elementos policiales los que se desplegaron, sino que la promotora de los ajolotes tuvo que echar mano de la estructura burocrática, los vistió con chalecos fosforescentes (a Dios gracias no de color morado) y los distribuyó por las calles aledañas a Reforma para que “ayudaran” a guardar el orden.
Todos disfrutaban el juego, menos los burócratas de la CDMX quienes lo sufrieron todo el tiempo, y al final, todos lo sufrieron juntos.
Dicen los memes, esa fuente inagotable de sabiduría popular, que México no se perdió el resto del Mundial, sino que el Mundial se perdió de México porque somos mucho ambiente. Pero ese ambiente en demasiadas ocasiones se salió de control y se demostró que las masas son un ente amorfo incontrolable.
Finalmente, la derrota llegó y la tranquilidad volvió a las calles. Clara Brugada por fin durmió tranquila. El quinto partido del Mundial le cayó como anillo al dedo a México por la derrama económica generada, pero le estaba cayendo como un mazazo en la cabeza a Brugada, a quien la emoción deportiva la había rebasado. |