Pero también conviene poner la lupa sobre el alcance. No se pretende juzgar con leyes mexicanas a agentes estadounidenses, sino exigir que sea el propio sistema de justicia de Estados Unidos el que investigue y sancione, en su caso, a quienes resulten responsables.
Es un terreno complejo, sí, pero obligado de enfrentar. Trump ha endurecido su política migratoria y cualquier movimiento entre ambos gobiernos tendrá consecuencias políticas y diplomáticas. Pero también es cierto que ningún Estado puede permanecer indiferente cuando sus ciudadanos mueren bajo custodia de otro país.
Y ese es, para mí, el verdadero tema de fondo y el que merece desarrollarse en una columna: el paso de la diplomacia declarativa a la diplomacia litigante.
Ahí hay mucho más que analizar que un intercambio político entre dos presidentes y el botín político interno que asomará en próximas elecciones internas de México.
Si las autoridades estadounidenses sostienen que los migrantes reciben debido proceso, atención médica y protección de sus derechos, la pregunta inevitable permanece: ¿por qué siguen apareciendo mexicanos muertos bajo custodia?
Y no se trata de valentía barata, ni darse un tiro en el pie. Se trata de utilizar los mecanismos institucionales que muchos no se atrevieron en su momento a usar.
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COLUMNA "FIGURAS Y FIGURONES" |