Nadie discute la calidad del programa.
Lo que algunos cuestionan es si la modernización terminó alejando a quienes durante décadas hicieron de Santa Ana una auténtica fiesta popular.
Porque una celebración puede crecer, atraer turismo y generar derrama económica, sin perder el sentido de pertenencia de quienes la convirtieron en tradición.
Quizá ahí esté el verdadero reto de las autoridades de gobierno y eclesiásticas.
Es decir, hasta dónde una ciudad turística puede comercializar sus tradiciones sin dejar de reconocer a quienes las hicieron nacer. |