En la agroindustria cañera también llegaron señales alentadoras. El gobierno estadounidense autorizó un incremento histórico en la cuota de importación de azúcar mexicana para el ciclo 2026-2027, elevando el volumen de exportación a niveles que no se observaban desde hace varios años.
La medida permitirá colocar inicialmente entre 550 y 600 mil toneladas de azúcar en el mercado estadounidense, aliviar los excedentes acumulados desde 2022 y generar una importante derrama económica para cientos de miles de familias vinculadas al cultivo de la caña.
Los efectos comenzaron a sentirse de inmediato. En la zona centro de Veracruz varios ingenios aceleraron sus trabajos de reparación y mantenimiento para estar en óptimas condiciones en la próxima zafra, actividad que durante más de cuatro meses volverá a dinamizar la economía de decenas de comunidades cuya vida gira alrededor de las factorías.
En ese contexto, el Gobierno de Veracruz, encabezado por Rocío Nahle, instruyó a la Secretaría de Desarrollo Agropecuario a preparar programas para rescatar y reactivar tres ingenios actualmente fuera de operación, entre ellos el histórico San Gabriel, en Cosamaloapan, un proyecto que hace apenas unos meses muchos consideraban inviable.
Nadie puede asegurar que todos los problemas del campo mexicano quedaron atrás. Sería una conclusión precipitada. Pero tampoco sería serio ignorar que dos de los sectores estratégicos para Veracruz reciben hoy señales objetivas de recuperación y eso como actividades predominantes servirán para detonar las economías regionales de Veracruz.
Porque, al final, las narrativas políticas pueden ir por un lado; los mercados, las exportaciones y la economía real suelen caminar por otro.
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