Más allá de si la traba del órgano electoral parece rigorista o exagerada, la pregunta del millón era: ¿arreglaron el fondo del problema o solo le dieron una chacualeada al logotipo para seguir vendiendo el mismo chiquihuite? La respuesta la dio el árbitro electoral con una bofetada de realidad.
Ante el manotazo, la dirigencia de SOMOS encabezada por Emilio Álvarez Icaza aplicó la vieja confiable de toda oposición en apuros: ponerse la vestidura de mártir y llorar para la foto. "Estamos a nueve meses de la elección y todavía no tenemos una identidad definitiva; incluso los spots que ya salieron dejarán de servir. ¿Eso genera equidad?", recriminó el exsenador.
Pero tan sabían que su propuesta no pasaría el filtro legal, que antes de medianoche soltaron un tercer diseño de emergencia, esta vez trasquilado y sin el mapa de México al fondo. Eso sí, tercos como ellos solos, Álvarez Icaza advirtió: "A nosotros nos van a seguir diciendo Somos México, con o sin permiso". Y claro que así buscarán llamarse, porque la palabra "Somos", así solitaria y huérfana, no dice absolutamente nada.
Análisis del impacto de cara al proceso 2027:
El dividendo mediático: En el fondo, SOMOS no ha perdido nada; al contrario, le sacó jugo al pleito. Ganaron minutos de aire, acapararon portadas y el veto institucional les regaló la narrativa perfecta para nacer como víctimas de persecución y vender la idea de que en el oficialismo "les tienen miedo".
El choque con la realidad: La gran duda es si este berrinche de posicionamiento se puede traducir en votos reales. Las artimañas de papel y las batallas de micrófonos no siempre llenan las urnas, y en el proceso electoral de 2027 tendrán su verdadero examen frente al electorado. Habrá que ver si les alcanza para pasar de panzazo o si se quedan en el camino.
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(COLUMNA "POLÍTICA AL DÍA") |