La primera es: “La felicidad cabe en una taza de café (antes de que se enfríe el café)”, que como frase puede parecer excelente, y es el título de una novelita más del japonés Toshikazu Kawaguchi, que lleva ya cinco títulos de la saga y ha vendido millones de ejemplares en todo el mundo con sus obras ligeras y motivadoras, muy e gusto de tantos que necesitan que alguien les hable bien de la vida y de las personas.
Si nos ponemos serios corremos el peligro de que la alegría salga huyendo por la puerta falsa de la reflexión acuciosa, pero no está de más acudir a los clásicos, o más bien al clásico, y remembrar lo que dijo Aristóteles, que sostenía que para
alcanzar la verdadera felicidad el ser humano debía basar su vida en las buenas acciones, “sustentadas en el pensamiento, la justicia y la razón” (Ética a Nicómaco).
El filósofo griego, en el que sustentaron su teogonía los padres romanos del catolicismo, identificaba tres caminos por los que se puede buscar la felicidad. El primero el placer, el segundo la política y el tercero la contemplación.
Don Aris era medio asceta y por eso afirmaba en buena onda que el primer camino, el del placer, tenía que ver con la satisfacción de los deseos más básicos y nos hacía parecidos a los animales.
El camino de la política era una búsqueda individual de honores y riquezas, pero echaba a perder el gusto cuando advertía que era una manera de depender de los demás para conseguir la felicidad.
Y la contemplación, al fin pensador, era la mejor manera de llegar a la felicidad, es decir, a través del raciocinio, que permitía identificarla como un fin en sí mismo y como un estado de vida que partía de nuestro propio interior.
La cuestión es que de alguna manera la búsqueda de definiciones y frases hechas sobre la felicidad me llevó a superar el día más triste del año, y por eso les quise compartir mis resultados.
Felicidades.
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