Y es que la maestra que ha sido diputada y siempre una operadora social aprendió a caminar en la calle, junto al polvo y encima del lodo, del brazo y la mano de sus prójimos, de sus próximos.
Y otra: que gobernar es cosa de la gente, con la gente, para la gente. De ahí que la participación social de todos los habitantes sea el emblema del mandato que le dieron los ciudadanos.
Por eso la vemos en las colonias reconociendo baches, peligros y carencias; en los centros de salud promoviendo vacunaciones; participando en la recuperación de espacios públicos y plantando árboles…
Igual que hace lo anterior, se da tiempo para platicar con los deportistas, que necesitaban urgentemente campos dignos, equipos suficientes, apoyos necesarios (como el que recibió, no de ahora, Diego Asael Roldán Villaráuz, quien a sus 16 años firmó con los Padres de San Diego y se dispone a ser un nuevo Betoávila).
Pero la alcaldesa por aquí se propone mejorar la recolección de basura mientras por acá impulsa a los pequeños comercios para que compitan en mejores condiciones.
Es una autoridad hiperactiva, como se lo merecen los jarochos, tan dados a colaborar, a cooperar y a pedir acciones claras para procurar la ciudad, para sanear las playas, para curar a las palmeras borrachas de sol.
La dinámica que ha impuesto la primera alcaldesa morenista de Veracruz requiere de un gran esfuerzo y de un derroche total de energías. Tal vez como el ave de Díaz Mirón sabe lo que son sus alas y por eso canta aunque la rama cruja.
Van 21 días, le restan 1,440, y parece que Rosa María no se va a detener…
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