La frase premonitoria repetida por el propio Andrés Manuel López Obrador de que el poder atonta a los inteligentes y a los tontos los vuelve locos se cumplió cabalmente en él y en sus más cercanos discípulos apenas llegaron al poder. La luna de miel con el pueblo duró unos pocos meses desde la llegada de AMLO a la Presidencia, y en los últimos siete años los beneficiaros orgánicos e inorgánicos de la Cuarta Transformación se han dedicado a perder la simpatía y la confianza de los ciudadanos que con su voto o su abstención los llevaron al poder el domingo 3 de junio de 2018.
Un poder que creyeron y quieren seguir creyendo que sería eterno.
Y así como se han comportado con el pueblo al que dicen que sirven religiosamente, lo han hecho con los dos partidos a los que se aliaron en las
elecciones a fin de poder obtener las mayorías calificadas que necesitaban en el Congreso de la Unión y en las legislaturas locales.
El Artículo 54 de la Carta Magna dice que ningún partido podrá tener más de 300 diputados, y la mayoría para hacer cambios constitucionales requiere de 334, así que AMLO y sus huestes pudieron apoderarse de la Cámara Baja con los diputados petistas y los ecológicos; también la coalición les sirvió para conseguir porcentajes mínimos de votos de sus aliados que sin embargo les hacían ganar contra la oposición.
Pero lo que podría haber sido una unión placentera se terminó por convertir en una lucha feroz entre los arrebatados miembros de Morena contra los ninguneados partidos chiquitos que van con ellos. La alianza Juntos hacemos historia bien pudo llamarse “Disjuntos, los morenos nos quedamos con la mejor tajada del pastel”.
En los años en que han ido juntos con Morena, petistas y verdes han ido acumulando una larga serie de afrentas, de mentiras y de engaños que han creado un sentimiento de furia contenida que empieza a aflorar y está saliendo a la superficie.
Un síntoma público y notorio es que en la elección extraordinaria del municipio de Tamiahua los tres partidos van a ir solos, y eso puede ser la primera proyección de lo que va a suceder en las elecciones del 27 y el 30.
Y ahí, cuando pierdan, se darán cuenta los soberbios del valor real de aquellos votos mínimos de sus aún aliados.
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