Astrolabio Político.
Luis Ramírez Baqueiro.
 

Otras entradas
2026-02-18 / Alvarado: del poder perdido al golpeteo permanente
2026-02-13 / Gobernar desde el territorio, no desde el escritorio
2026-02-12 / Entre la grúa y el montacargas: la ley que nadie quiere respetar
2026-02-10 / Operación Enjambre: cuando la red empieza a romperse
2026-02-09 / ASF y su efecto “chimoltrufia” en Veracruz
2026-02-06 / La justicia no pregunta de qué partido vienes
2026-02-05 / Marcelo Ebrard: el político que siempre llega tarde a la tormenta
2026-02-04 / La resurrección de los desechos del poder
2026-02-03 / Daniela Griego y Xalapa: un mes que marca rumbo
2026-02-02 / El corte que el Poder exigía o la caída de Adán
 
Carnaval 102: cuando la fiesta volvió a ser del pueblo
2026-02-19

“El éxito es ese viejo trío: habilidad, oportunidad y valentía”. – Charles Luckman.


El reciente Carnaval 102 del puerto de Veracruz dejó algo más profundo que cifras espectaculares o escenarios abarrotados: devolvió el ánimo a una ciudad que, durante años, había comenzado a darle la espalda a su propia fiesta.


Durante demasiado tiempo, el Carnaval —orgullosamente llamado por la gobernadora Rocío Nahle García “el mejor carnaval del país”— fue víctima de la sobreexplotación política y comercial. Las anteriores administraciones lo convirtieron en escaparate de intereses, en vitrina de contratos y protagonismos, hasta desgastarlo. La cartelera podía presumir artistas de moda, pero la esencia se diluía entre vallas, excesos y desorganización. La gente dejó de sentirse parte y comenzó a sentirse espectadora incómoda. El resultado fue evidente: el Carnaval se repetía, se sentía ajeno y, en muchos casos, prescindible.


Por eso, lo más interesante de esta edición no fueron los llenos totales ni los nombres que hicieron vibrar la Macroplaza. Lo verdaderamente significativo fue el cambio de atmósfera. La ciudad volvió a sonreír. La Quema del Mal Humor, encabezada por Nelson Kanzela en el Zócalo, marcó un arranque festivo, cercano, popular. El Entierro de Juan Carnaval, con el concierto de Chiquito Team Band, cerró con la misma energía colectiva. Hubo coherencia, hubo narrativa y, sobre todo, hubo orden.


La alcaldesa Rosa María Hernández Espejo entendió algo que parecía olvidado: el Carnaval no se impone, se construye con la ciudad. Y esta vez, como diría la chaviza, “la rompió”. Desde los desfiles por el bulevar Bulevar Manuel Ávila Camacho hasta los eventos masivos en la Macroplaza, la organización sorprendió. Los carros alegóricos, verdaderas piezas artísticas, devolvieron la sensación de orgullo estético. Familias enteras regresaron al Zócalo, al bule, a los callejones, ya no para resistir la fiesta, sino para vivirla.


Hubo otro elemento clave: la coordinación institucional. El acompañamiento de la mandataria estatal no fue decorativo. La presencia y la logística se sintieron. No solo se cuidaron los perímetros del Carnaval; se atendió la ciudad en su conjunto. Porque no podía haber fiesta exitosa si el resto del entorno permanecía en el abandono heredado. La diferencia fue visible: limpieza, seguridad, movilidad. Condiciones básicas que, cuando faltan, convierten cualquier celebración en caos.


La ovación que recibieron la gobernadora y la alcaldesa durante el último Paseo no fue un gesto protocolario. Fue una señal política. El éxito de este Carnaval no se mide solo en asistencia, sino en percepción. La ciudadanía volvió a apropiarse de su celebración más emblemática. Y eso, después de años de desgaste y mercantilización, es quizá la victoria más importante.


El Carnaval 102 no solo fue una buena fiesta. Fue una recuperación simbólica. Y cuando una ciudad recupera su fiesta, recupera también parte de su identidad.


Al tiempo.


astrolabiopoliticomx@gmail.com


“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx

 
Regresar a la Página Principal
Aviso de Privacidad
 
Comentarios
 
En Política al Día nos interesa tu comentario, es por eso que creamos este espacio para tí. Aquellos mensajes que contengan un contenido vulgar, difamatorio u ofensivo, serán eliminados por el administrador del sitio. Leer normas y políticas