Economía: ¿fortaleza real o ilusión estadística?
En los círculos de poder oficial se ha promovido una narrativa de fortaleza económica: un tipo de cambio favorable alrededor de los 17 pesos por dólar, confianza de inversionistas internacionales y un supuesto blindaje frente a las presiones comerciales de Estados Unidos.
El peso sí se ha mantenido firme en torno a ese nivel e incluso se fortaleció frente al dólar en reacción a movimientos de mercado, aunque esta estabilidad es más resultado de factores globales y eventos financieros que de un boom económico doméstico.
El crecimiento económico, si bien positivo, es moderado: el PIB de México creció alrededor de 0.7 % en 2025, evitando una recesión y apoyado en el impulso de exportaciones récord hacia Estados Unidos, pero no en una expansión vigorosa de la inversión o del consumo interno.
Pronósticos privados y de instituciones globales apuntan a que el crecimiento en 2026 será modesto, entre 1.0 y 1.8 %, con inflación estabilizándose cerca de metas oficiales y expectativas mixtas de inversión.
Esto no equivale a una economía “fuerte” en sentido pleno, sino a un país que navega entre tensiones externas y limitaciones internas, con debilidades estructurales que aún no terminan de resolverse. La narrativa de “México invencible” resulta simplista frente a cifras que muestran un crecimiento tibio y una dependencia crítica del comercio internacional.
La narrativa oficial vs la realidad de la política interna
La administración de Claudia Sheinbaum ha buscado consolidar su figura como una estadista global, destacando su capacidad negociadora en temas comerciales y diplomáticos frente a tensiones con Washington, y la importancia de México en la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.
No obstante, esto olvida que:
Gran parte de las tensiones económicas internas están atadas a decisiones de política energética y de infraestructura que han generado incertidumbre entre inversionistas privados, particularmente en sectores como energía y transporte.
Los opositores políticos no solo cuestionan por ideología: señalan que la falta de reformas estructurales y la persistencia de problemas como la inseguridad y la baja inversión productiva no se resuelven con propaganda de estabilidad y cifras aisladas.
El debate sobre la estrategia de seguridad, aunque reconoce el golpe simbólico contra “El Mencho”, no puede ignorar la violencia de represalia ni las brechas profundas que persisten en materia de justicia y desarrollo social.
Una conclusión incómoda pero necesaria
México no es ni el desastre que algunos opositores pintan ni la potencia invulnerable que otros proclaman. La economía muestra signos de resiliencia, pero también fragilidades latentes. La política de seguridad obtiene resultados tácticos, pero no elimina las causas profundas de la violencia.
Lo que falta es una discusión honesta sobre:
La sostenibilidad del crecimiento económico más allá del tipo de cambio o cifras de exportación.
La coherencia entre políticas internas y metas de desarrollo.
La capacidad del Estado para mantener la seguridad sin erosionar libertades ni desviar recursos de sectores clave como educación y salud.
En otras palabras, el país no está ganado ni perdido; está en una encrucijada que exige reconocer tanto los avances como las limitaciones reales. Esa es la discusión que pocos quieren tener. Porque la verdad no siempre conviene, pero es indispensable para avanzar.
Al tiempo.
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“X” antes Twitter: @LuisBaqueiro_mx |