Pero esta vez la historia parece distinta.
En la Facultad de Economía no hay subsidio rectoral para los festejos. La decisión ha obligado a algo que, aunque digno, resulta revelador: “una coperacha universitaria”.
Profesores, alumnos y egresados están poniendo de su propio bolsillo para que el aniversario no pase desapercibido. Algunos estudiantes aportan 20 o 30 pesos; docentes contribuyen con 300; egresados de distintas generaciones hacen colectas entre colegas para enviar recursos a los organizadores. El objetivo es tan elemental como simbólico: poder pagar desde materiales hasta el café de los recesos académicos.
Así, mientras en los discursos oficiales se exalta el valor de la educación superior, en la práctica quienes sostienen la celebración son los mismos universitarios que creen en ella.
El programa académico, por cierto, está lejos de ser menor. El martes 21 iniciará con la inauguración formal y una mesa de debate titulada “La economía mexicana, una visión a futuro“, coordinada por la doctora Nayeli León, con la participación de especialistas como Rolando Boza, Katia Romero y Job Hernández.
Habrá también un panel sobre “Mujeres Economistas”, coordinado por la doctora Beatriz Lira, con académicas como Elia Marúm, Gisela Morales y Angélica Gutiérrez; además de conferencias magistrales sobre educación superior, democracia y desarrollo sustentable.
Destacan, entre otros, el economista “José Blanco”, quien dictará la conferencia “El colapso en curso” , y el investigador “Alberto Olvera”, que abordará un tema de enorme actualidad: ““De Trump al crimen organizado: los retos existenciales de la democracia en México”.
No faltarán reflexiones sobre los planes de estudio de la licenciatura en Economía, debates sobre la economía veracruzana, la presentación de libros y un reconocimiento a profesores jubilados que dedicaron su vida a la docencia y a la investigación.
Es decir: “un programa académico robusto”, digno de cualquier universidad pública.
Sin embargo, detrás de la agenda intelectual flota un tema inevitable: la figura del rector “Martín Aguilar Sánchez”, invitado a la inauguración como una cortesía institucional.
En los círculos universitarios se comenta que su asistencia es poco probable. La razón no es menor: evitar preguntas incómodas sobre la polémica “prórroga en su cargo”, cuya legalidad ha sido cuestionada por diversos sectores académicos.
El rectorado enfrenta así un dilema clásico de la política universitaria: cuando la autoridad se vuelve objeto de debate dentro de la propia universidad, el silencio deja de ser neutral.
La paradoja es evidente. La Facultad de Economía celebra seis décadas de pensamiento crítico, pero lo hace prácticamente sin respaldo institucional y con el riesgo de que la máxima autoridad universitaria prefiera no aparecer para no enfrentar cuestionamientos.
En cualquier universidad democrática, la crítica es parte del ecosistema intelectual. Pretender administrarla con presupuestos o silencios suele producir el efecto contrario: fortalecerla.
Porque al final, cuando los estudiantes ponen de su bolsillo para sostener la vida académica, lo que queda al descubierto no es la pobreza financiera, sino la pobreza política de quienes deberían defender la autonomía universitaria.
“Y cuando una universidad obliga a sus alumnos a pagar el café de sus propios debates, lo que en realidad está sirviendo no es austeridad, sino una amarga taza de incongruencia institucional.”
Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de www.politicaaldia.com |