Es Héctor Yunes Landa, choleño, veracruzano, priista de hueso colorado, un referente jarocho del partido aplanadora que gobernó 71 años y alcanza casi la centena desde que fue fundado en 1929 por Plutarco Elías Calles. Él estuvo casi medio siglo de toda esa laaarga historia.
Ayer en Xalapa y Veracruz Héctor Yunes se reunió con sus amigos los periodistas, bromeó con ellos como es su tradición y ya en serio comunicó sus razones de lobo para truncar su extensa carrera.
Se enteró de buena fuente -tan buena que se lo reveló dos veces- que Alito Moreno había maquinado desde el primer día de este año expulsarlo del partido el 5 de mayo. No reveló su fuente, aunque no faltó una voz anónima que desde el corrillo de reporteros pronunció alto y clarito el nombre de Lorena Piñón, hoy muy sentida con su líder nacional.
Así que Héctor, que no tiene un pelo de tonto y no es calvo, decidió adelantarse y dejar sin cabeza para cortar a la guillotina que le tenía destinada el exgobernador de Campeche.
Su retirada infiere un cisma para el partido en el estado y un peligro para un priismo nacional que ha visto pasar sus mejores días y está en una picada en barrena, con peligro real de perder el registro en próximas elecciones.
Héctor Yunes afirma que no le ha pedido a nadie que se vaya con él. Los integrantes de Alianza Generacional, la asociación política que está a punto de convertirse en partido local, tomarán la decisión que les dicte su conciencia. Sin embargo, es seguro que muchos seguirán en la égida a su amigo y líder, y es posible que iniciarán una desbandada que dejaría en orfandad al priismo veracruzano.
El diputado Héctor Yunes Landa está una vez más en el ojo del huracán, ésa ha sido su divisa como político combativo y nada dejado. Sus pasos y sus movimientos están siendo seguidos por los ciudadanos, por los medios de comunicación para los que siempre es noticia cierta… igual son vigilados por las fuerzas oscuras del espionaje que el Gobierno asegura que no existe más en México.
Así se entiende el amago de aprehenderlo y entrar a su casa a revolotear su patrimonio familiar, con el objetivo de meterle miedo… cómo se ve que no lo conocen.
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